lunes 16.09.2019

Rosendo dice adiós a los escenarios –“¡qué desilusión!”

Su voz enronquecida y su guitarra se han convertido en una leyenda del rock nacional. Pero antes de que yo supiera quién es Rosendo Mercado, ya lo recuerdo tronando en mi infancia, en un disco de mi padre, Las mejores canciones del pop español. Concretamente, su más célebre tema, compuesto en la época de Leño: “Maneras de vivir”. Escuchar esta canción era –y será– saborear el rock en su estado más puro; sin aditamentos, sin adornos fatuos de los que pueblan la música actual. Porque el maestro Rosendo no necesita más que una guitarra eléctrica, un micrófono y un escenario para hacer magia. Su sello es la sencillez, pero una sencillez auténtica –esa que no encontramos en otro grande como Loquillo–. Por eso Rosendo sigue viviendo en su barrio de toda la vida, Carabanchel Bajo, donde lo admiran tanto que incluso lanzaron una campaña para levantar una estatua en su honor.

Ayer Rosendo se despidió de Madrid, de su Madrid, en un multitudinario concierto en el Palacio de los Deportes –me resisto a llamarlo “Wizink Center”– en el que apareció con su atuendo habitual en estos eventos: vaqueros y camiseta negra, que contrastaba con su larga melena blanca, la que en otro tiempo fuera cobriza. Por lo demás, no ha cambiado tanto. A los 64 años, demostró que sigue “loco por incordiar”, al igual que muchos de sus fans, que, llevados por la emoción, se imaginaban ellos solos en la pista, a juzgar por sus saltos y cabriolas. El público resultaba muy variado: desde viejos rockeros sesentones con camisetas de Leño hasta veinteañeros que, como yo, lo han escuchado desde siempre en casa, pasando por señores trajeados y hasta algún niño que miraba el escenario con ojos asombrados. 

Y es que Rosendo ha marcado a muchas generaciones de españoles, desde que comenzó en los escenarios, allá por 1972, cuando abandonó los estudios de ingeniería en ICAI para tocar con la banda Ñu –que en sus inicios se llamaba Fresa– y dejarse llevar por los éxitos del momento que más lo influyeron, como Cream o Deep Purple –bandas que sonaron anoche antes de empezar el concierto–. Después, en 1977, llegaría Leño, con Ramiro Penas y Chiqui Mariscal –que al poco tiempo sería sustituido por Tony Urbano–, quienes nos demostraron sus propias “Maneras de vivir” en un sencillo lanzado en 1981 bajo la producción de Teddy Bautista. Y ahí comienza la leyenda.

Aunque Leño se disolvió en 1983, cuando mejor funcionaba, su líder Rosendo seguiría creciendo en los escenarios y publicando grandes álbumes, de los cuales cabe destacar el primero, Loco por incordiar (1985) y el penúltimo, Vergüenza torera (2003). El último, De escalda y trinchera, lo lanzó en 2017. En todos ellos, la crítica social está presente: a la ambición (“Al lodo brillo”), a la prostitución (“Flojos de pantalón”), a las mentiras de los políticos (“Vergüenza torera”)… Estos y otros grandes temas sonaron anoche en el Palacio de los Deportes, después de la actuación de Rodrigo Mercado, que repitió como telonero de su padre después de la buena acogida del concierto en Las Ventas, en la gira Vergüenza Torera de 2014.

El maestro dejó para el final tres grandes éxitos: “Agradecido”, “Loco por incordiar” y el consabido “Maneras de vivir”. En su estilo parco y entrañable, pronunció la despedida: “Madrid, ha sido mucho tiempo, pero todo tiene su fin. Qué le vamos a hacer, ¡nos hacemos viejos! Pero no pasa nada. ¿Volveremos a vernos? No sé; no me gusta hablar. Tal vez, en la otra vida”. El pabellón tronaba emocionado y Rosendo regresó una vez más para interpretar su último tema, uno de Leño: “¡Qué desilusión!”.

Sí; qué desilusión que nos deje un grande. Al menos, eso quiso hacernos creer anoche; pero los que lo admiramos no estamos del todo seguros de que eso sea cierto. A pesar de que Rosendo asuma su edad y no imite a Mick Jagger, cuesta pensar que no vaya a volver a pisar un escenario, aunque sea uno íntimo. Dicen que los viejos rockeros nunca mueren y él es el maestro de todos. Hasta pronto, Rosendo. Si te vas de verdad, nos dejas un hueco, pero prometemos estar “agradecidos”.

Madrid, 21 de diciembre

Marina Casado

marinacasado.com

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