miércoles 19/1/22

El Pifostio Nacional

Pedro Sanchez y Gabriel Rufian (1)

Qué acertada ha estado la RAE (Real Academia Española) al incorporar, entre otras acepciones, el término de uso coloquial pifostio al Diccionario de la lengua española, también denominado Diccionario usual. No ha tenido mucho que deliberar al respecto puesto que España está instalada en un pifostio continuo, permanente y lamentable, sobre todo desde la llegada a la Moncloa de nuestro narcisista y apolíneo presidente del todavía Reino de España –por cierto, no sé por cuánto tiempo-.

La situación económica es un auténtico pifostio. La legión de asesores presidenciales, ministeriales, parlamentarios y demás paniaguados, no son capaces de poner orden y proyectar algo de luz  sobre el estepario panorama en el que nos encontramos. En Europa nos piden medidas, nos exigen reformas y nos demandan las lógicas explicaciones del pagador.

En España, los gurús de los asuntos matemáticos en lo que a la economía se refiere, hacen las cuentas de la vieja y recurren a las artes adivinatorias de la bruja averías para, con enorme desparpajo y descaro, con grandiosa comedia y extravagancia argumental, presentar a nuestros socios comunitarios unos presupuestos creíbles y asumibles, aunque con tachones, tipex, borrones y raspaduras.

Vamos que las cuentas del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba y Enríquez de Aguilar, son un chascarrillo al lado de semejante documento elaborado desde Barcelona, pasando por Vitoria, y quién sabe por qué más despachos, para fenecer en el  del lindo Don Pedro, que cual pavo real se pavonea faroleando de la exquisitez de sus logros.

Con insultante arrogancia, desmelenada soberbia, alardea y se jacta de ser el presidente del avance social, del progreso y la libertad. No señor presidente, su insufrible petulancia, envanecida por los susurros dulzones de sus pajes de palacio, no permite salir del pifostio en el que usted nos ha metido, a destajo, sin anestesia.

Tenemos un pifostio montado en lo que a la hacienda pública se refiere, con un futuro con menos luces que un barco pirata, si usted sigue al mando del timón de la flota que se dirige hacia la galerna. Sus discursitos melosos, empalagosos y cargantes, me tienen hasta más abajo del cíngulo, allí donde se encuentran los atributos masculinos. Somos líderes ¡¡¡SÍ!!! pero en lo que a deuda publica, déficit o paro se refiere. Pero ahí está  su Excelentísimo Señor, con un par de bemoles, haciendo el don Tancredo, impertérrito ante los males que aquejan a su pueblo y a su reino. 

Su chulería chabacana y prepotencia desmedida, le impiden dejar de vanagloriarse y engreírse dejando a un lado tanta farsa, tanta burla y tanta tomadura de pelo. Solamente le interesa su espejo, espejito mágico, de la coqueta de la señorita Pepis en el que mirarse,  sin asumir su complejo de estadista a escala planetaria y salvapatrias mesiánico. Postureo, grandilocuencia, pomposidad y retórica al más puro estilo rococó, es decir, diciéndolo todo, la conclusión es que no dice nada.

Si “querido” y “amado” líder, usted proyecta el pifostio en lo político, en lo social y en lo económico. Es el caudillo de las cohortes que intimidan, amenazan, vilipendian, ultrajan y vituperan a nuestra Patria –con mayúscula-, sometiéndola a la extorsión y el chantaje reiterado, continuado y permanente, a cambio de sus fingidos y mal disimulados, pero excepcionalmente pagados, “afectos” y “servicios” prestados.

Como sembrador de pifostios por doquier es,  con todo merecimiento y mérito incontestable, el paladín del pifostio patrio, el pifostio hecho carne, el pifostio en persona. Todo lo que osa tocar, aquello en lo que se entromete, en lo que opina, pronuncia, proclama y decide se arma la marimorena, es decir, se monta un lío elevado al grado de pifostio.

Pero en Europa, que ya nos tienen tomada la medida desde hace siglos, ya se han leído el “Lazarillo de Tormes”, “Rinconete y Cortadillo”, “El Buscón”, “Guzmán de Alfarache” y toda la retahíla  de títulos de la novela picaresca, traducida al danés, sueco, neerlandés, alemán y francés, lenguas de aquellos que son denominados los “halcones europeos”.

Ellos, precisamente los que históricamente se prodigaron en el ataque corsario, la guerra contra España, que levantaron ejércitos mercenarios contra nuestro Reino, son a los que acude a mendigar nuestro ínclito jefe de gobierno, regalándoles todo tipo de halagos, sonrisas obscenas y guiños descarados y descocados, intentando engatusar a nuestros avezados, experimentados socios comunitarios acostumbrados a nuestras artes del engaño fulero y trilero.

Los indicadores son testarudos. Más gasto público, menos ingresos, más déficit, más deuda pública, más acreedores, más paro, menor crecimiento, desconfianza inversora, cierre de negocios, desaceleración económica y así, un larguísimo etcétera.  A todos aquellos que duden de mis palabras les recomiendo encarecidamente que lean los informes que se vienen publicando al respecto. Todos menos los que cada mes vienen dándose a conocer por el CIS, cuya presidencia recae en un auténtico tahúr, José Félix Tezanos Tortajada, promovido al cargo por otra menina entrada en años de la corte de Pedro Sánchez, Carmen Calvo Poyato.

En resumen, frente al ahorro y la contención del gasto, barra libre para el derroche y el despilfarro; frente a la disminución de la deuda pública, se practica un mayor endeudamiento; el equilibrio presupuestario es una quimera y el déficit una auténtica pesadilla; lejos de aplicar medidas orientadas a la creación de empleo joven y políticas de apoyo a la natalidad, se adoptan soluciones antagónicas, es decir, políticas abortistas, contraceptivas y profilácticas , prolongación de la edad de vida laboral y merma de capacidad adquisitiva de los pensionistas; la subida de precios , el maldito IPC, repercute sobre la producción y el consumo y, por tanto, en la creación de empleo.

¿Qué me dicen del precio de la luz, o de los carburantes, o de los productos de la cesta? Un auténtico pifostio imposible de resolver por un gobierno insolvente, incompetente, menguado y mediocre, sin talante ni talento, sin capacidad de iniciativa ni gestión, sin autoridad ni poder de influencia sobre sus coaligados y sus mesnadas mercenarias. 

Volviendo al principio, la lengua castellana –empobrecida ahora como nunca con tanto atropello gramatical, tanta falta de conciencia lingüística, invadida por extranjerismos y vulgarismos, amén de los eufemismos y tecnicismos de la nueva era tecnológica- reconoce y distingue con luz propia a la palabra de uso coloquial pifostio. 

No nos bastaba con pitote, cacao, pollo, cisco, tinglado, pelotera, marimorena, o expresiones como “se armó la de San Quintín; la gorda; o la de Dios es Cristo”, para describir el problemático lío –léase a partir de ahora pifostio-, difícil de resolver, en el que nos encontramos inmersos. Dos años de maldito cautiverio socialcomunista nos restan hasta que se celebren las próximas elecciones generales, dos larguísimos años de pesadilla irresistible e inaguantable. Por el momento, les deseo una feliz salida y entrada de año. Tengan fe y esperanza que ya queda menos para mandar a la oposición a estos gualtrapas y chiquilicuatros del menudeo político más vergonzante y detestable.

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