lunes 2/8/21

La Ley del Fúnebre Crespón

eutanasia

          ¿Todo lo legal por el mero hecho de serlo es legítimo? ¿Todo lo legítimo es legal? ¿La legalidad es siempre legítima? ¿La legitimidad es sinónimo de legalidad? La contestación es no. Pero vayamos más allá con nuestra reflexión, en un estado democrático ¿Debe existir la imposición totalitaria del estado a la libertad de conciencia, del libre ejercicio de la profesión médica desde su ética profesional? La contestación sigue siendo no. En cuestiones de tanta trascendencia, como lo es la ley de la eutanasia, o la ley del aborto, ¿No sería lógico alcanzar un verdadero consenso? ¿Un referéndum no sería lo más lógico? La respuesta es que sí.

          La gravedad de la ley aprobada, por tan solo sesenta votos de diferencia, no demuestra consenso alguno, la falta de participación del colectivo médico en el proceso de elaboración del proyecto de ley no ha existido, tampoco ha habido diálogo social con colectivos a favor del derecho a la vida. Por tanto, a la luz de la impositiva forma de proceder del gobierno que, de forma sectaria y autoritaria, ha impuesto su doctrina ideológica, podemos señalar que la ley aprobada ha carecido de legitimidad, por mucha legalidad que la pueda otorgar su aprobación al ser tramitada a través del Parlamento. No ha habido legitimidad al no producirse ni el diálogo, ni el consenso necesario, ni tan siquiera un amplísimo apoyo parlamentario. Estoy seguro de que de haberse producido un referéndum sobre tan controvertido tema, el resultado habría sido adverso a la aprobación de dicha norma.

          En lugar de esta ley sectaria, excluyente y subjetiva, debería haberse debatido una Ley Orgánica de cuidados paliativos. Ésta si era una norma necesaria y reclamada por el conjunto del colectivo médico, numerosas asociaciones y partidos políticos. Además, sin duda alguna, los acuerdos alcanzados hubieran sido más fáciles.  Existen unidades de cuidados paliativos, sí, pero es necesaria una mayor regulación de la forma de afrontar la atención clínica de aquellos pacientes que afrontan una situación incurable e irreversible. Más medios técnicos, mejor especialización médica, mayores recursos humanos, más apoyo a la familia del enfermo, más espacios destinados a tal fin. Éstas y otras necesidades son una realidad y una exigencia importante. Frente a la eutanasia planteo la cultura de la defensa de la vida.

          Conviene concretar. Los cuidados paliativos son una rama de la medicina que se encarga de prevenir y aliviar el sufrimiento del paciente, así como de garantizarle una mayor calidad de vida. Comprendería enfermedades graves que comprometen seriamente su vida, sin que ello quiera decir definitiva irreversibilidad y que sean incurables. Aún aceptando estas dos cualidades, irreversible e incurable, no quiere significar que sean intratables. Es muy, pero que muy distinto. Una ley de cuidados paliativos tampoco olvidaría el apoyo  y asistencia de las familias afectadas por la situación del paciente enfermo.

          En el fondo de la cuestión subyace, de manera evidente, dos filosofías que se traducen en la interpretación del sentido de la vida y la defensa de la existencia humana.

          De un lado, la posición  materialista, intrascendente, egoísta, hedonista y nihilista, de defender una “cultura de la muerte” en contra de la natural forma de vivir del ser humano. El aborto, el suicidio asistido, la eutanasia, la eugenesia, la manipulación genética, la legalización de las drogas, los vientres de alquiler, etcétera, son temas a los que apoyar desde su particular interpretación. Dos de ellos ya son reconocidos legalmente por ley, los otros se irán introduciendo progresivamente.

          De otra parte, está el planteamiento de la “cultura en defensa de la vida”. Es la mía, sin la menor duda. Se entiende que el ser humano es digno de protección desde la concepción al deceso. Legítimamente –aunque no legal según la normativa vigente-, la vida comienza con la concepción, no con el alumbramiento. Hay vida antes del nacimiento y ésta se prolonga hasta su extinción. Así los seres humanos no natos deberían ser protegidos y amparados, como lo deberían ser todos los enfermos, discapacitados, ancianos y cualquier otra persona. ¿No hay dignidad en la vejez, la enfermedad, o en la discapacidad? Yo creo que sí, es más, la verdadera justicia social, tan exhibida por la progresía izquierdista, consiste en ofrecer los medios necesarios a los más vulnerables, a los más necesitados y débiles. Con la ley del aborto y la ley de la eutanasia esto no ocurre.

          La irreversibilidad es tratable. Son situaciones médicas en las que el proceso fluye con naturalidad, y en las que se aplican terapias que alivian los síntomas más angustiosos (dolor, disnea, ahogo, dificultad respiratoria, angustia extrema….). Lo incurable también es tratable. Otra cosa bien distinta es el encarnizamiento terapéutico, con el que no estoy en absoluto conforme. Defiendo la vida hasta su fin, con dignidad, pero no la prolongación cruel de la misma en situaciones indignas.  Esta medicina ultraconservadora del existir en cualquier circunstancia ofrece, con todo tipo de medios y terapias, importando tan sólo el fin –mantener la vida a toda costa-, que no pueden curar a la persona, pero que prolongan su vida en condiciones extremadamente penosas. Esta crueldad es compartida, en ocasiones aceptada, por la propia familia. He vivido en carne propia un caso en el que se decidió evitar la prolongación artificial de la vida de un ser humano, se optó finalmente por la desconexión artificial a la vida, dejando que la naturaleza impusiera su ley sin la crueldad de un inútil tratamiento. Esto no era eutanasia, era encarnizamiento terapéutico. No es válido prolongar la vida a cualquier precio de manera inhumana.

          España,  en la particular concepción de la “modernidad” y el “avance” de la izquierda más sectaria, se suma al elenco, a la “prestigiosa” lista de países en los que la eutanasia ha sido legalizada: Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Canadá y Colombia. ¿Qué gran honor! ¡Qué reconocimiento mundial! En Portugal el tema se está discutiendo y, en Nueva Zelanda se efectuará un referéndum el próximo año. Los Países Bajos fueron los primeros en aprobarla, allá por el 2002.

 

          El pasado diecisiete de diciembre de dos mil veinte, con la aprobación  de la despenalización de la eutanasia triunfa la “cultura de la muerte”. Entrará en vigor, probablemente, a mediados de marzo.  La ley del fúnebre crespón se ha impuesto en España. El suicidio asistido ha sido legalizado bajo el nombre de “eutanasia activa y directa”. La batalla en defensa de la “cultura de la vida” deberá seguir dándose.

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