miércoles 16.10.2019

Care Santos: "Todas las madres alguna vez hemos sentido la tentación de vender a nuestros hijos"

La escritora Care Santos (Mataró, Barcelona, 1970) ha sido la ganadora del Premio de Literatura Infantil El Barco de Vapor por Se vende mamá, una novela en la que su protagonista, Oscar un niño de nueve años, decide vender a su madre por e-Bay. La catalana ha confesado a ESTRELLA DIGITAL que es muy metódica y obsesiva en su trabajo y que sus tres hijos le han servido como fuente de inspiración. Care ha adelantado que está acabando de corregir Bel, su nueva obra, que saldrá en septiembre y que está dirigida a un público de unos 14 años para arriba. Esta gran lectora, "sobre todo de poetas contemporáneos", que acostumbra a escribir sus obras por la mañana y siempre con la misma música de fondo, Suite para cello solo de Bach, siente "síndrome de abstinencia" si pasa un día sin escribir.

¿Qué significa otro galardón en la obra literaria de Care Santos?

Bueno, pues una alegría ante todo. Un premio cualquiera siempre es una buena señal, una palmadita en la espalda, un motivo de celebración. Pero procuro no acordarme demasiado porque no se puede escribir con la cabeza llena de premios y porque en el fondo todo es relativo. Lo que realmente me importa es seducir con lo que hago y eso no lo tiene que decidir un jurado, lo tienen que decidir los lectores; y ellos son realmente el premio.

¿Cómo surgió la idea de la premiada Se vende mamá, novela en la que el protagonista, un niño de nueve años, decide vender a su madre por e-Bay?

Es una novela que surge de la experiencia diaria, de la relación con mis hijos y de la cantidad de cosas en las que no nos ponemos de acuerdo todos los días. Pero a pesar de todo en cómo nos esforzamos en que la convivencia sea pacífica. Es la primera vez que me inspiro en mis peques (de 3, 5 y 7 años).

He cultivado muy poco la literatura infantil, me he dedicado más a la que va dirigida a adolescentes, pero me voy atreviendo poco a poco porque tengo en casa una fuente de inspiración enorme. Yo creo que todas las mamás alguna vez han sentido tentación de vender a sus hijos y que también todos los hijos hemos tenido la tentación de vender a nuestra madre.

¿Pero tú todavía no estás en venta en e-Bay, verdad?

Que yo sepa no. (risas)

¿Y tus hijos leen tus libros o se los lees tú? El pequeño de tres años seguro que no, ¿pero los más mayores?

Empiezan, sí. El mayor está ahora empezando a leer en solitario y la mediana todavía lee con ayuda, pero los dos se arrancan ahora a leer a su madre y ejercen de jueces durísimos. (risas)

Publicaste tu primera obra a los 25 años y desde entonces no has parado. Has escrito relatos, poesía, literatura de terror, narrativa juvenil... ¿pero, con qué género te sientes más cómoda?

Pues depende del momento. No quiero aburrirme escribiendo y cambiar de palos me permite cambiar cada vez que me apetece. Hay que evitar la monotonía en cualquier terreno de la vida, pero escribiendo sobre todo, porque un autor aburrido se lo contagia al lector y el peor pecado que puedes cometer escribiendo es aburrir.

Tengo entendido que tienes muy claro que no volverás a escribir poesía. ¿Por qué?

Bueno, porque mi poesía es depresiva. Escribo poesía sólo cuando estoy muy mal y me sirve para ser la escritora que era cuando empecé en esto y para decir cosas que no puedo decir en ningún otro lugar y que me urge decir. Siempre espero no volver a escribir poesía, porque sería señal de que las cosas no van bien.

¿Y como lectora, por qué género y qué autores te sueles decantar?

También depende un poco de las épocas. Pero soy muy buena lectora de poesía y siempre hay encima de mi mesilla por lo menos un libro de poemas. Mis autores de cabecera siempre son poetas, pero soy bastante omnívora leyendo, leo un poco lo que cae en mis manos.

¿Quiénes son los poetas que sueles tener sobre tu mesilla?

Siempre a Machado y a Pedro Salinas, por encima de todo. Y así, yendo y viniendo de mi mesilla, pues muchos. No sé, Juan Ramón Jiménez o Eugenio Montejo, o Neruda... De los contemporáneos vivos te podría nombras más de una docena, pero no te los quiero decir porque seguro que se me olvidaría el más importante. Pero leo a mis contemporáneos, y sobre todo a los poetas, con deleite.

¿Qué método sigues a la hora de escribir? ¿Tienes horarios, lugares fijos o manías?

Sí, escribo de mañana hasta las cinco de la tarde más o menos. Cuanto más tempranito mejor pienso, eso ya lo tengo estudiado. Antes era nocturna, pero desde que tengo niños he tenido que cambiar mis hábitos. Soy muy obsesiva, me cuesta mucho hablar de hábitos porque en realidad te podría decir que escribo siempre y no te mentiría demasiado.

Una novela hay que tenerla pensada con fogonazos de inspiración y talento, pero en realidad lo que requiere es constancia y trabajo. Manías cada vez tengo más (risas)... Por ejemplo, escribo siempre con la misma pieza de Bach, Suite para cello solo y no me cansa porque me parece muy inspiradora. Creo que hay músicas que favorecen a ciertas tramas y todas mis novelas se han escrito con Bach sonando en algún momento.

En tu blog podemos leer: "Soy lo que escribo. Si queréis dejarme sin oxígeno, robadme las palabras". Si te prohibieran escribir, ¿sería el peor castigo?

Sí, sí. Sería horroroso. Hace muchos años que no paso un día sin escribir y cuando veo que va a haber un día que no voy a poder estoy como con síndrome de abstinencia. Si no escribo lo echo muchísimo de menos.

¿Y si no escribieras a qué te dedicarías?

A cocinar, seguro. Tal vez incluso escribiendo acabe montando un bar o algo parecido en algún momento de mi vida.

También en tu blog, en una entrada escrita el día después de recibir el premio Barco de Vapor, citas una frase de Ana María Matute: "El camino que habéis elegido es duro y largo, pero cuando os dé una satisfacción, será más grande que ninguna en la vida". ¿Qué crees que es lo más duro de esta profesión que has elegido?

Recuerdo mucho esas palabras de Ana María, sí. Nos las dijo a un grupo de escritores jóvenes que la habíamos invitado a una charla con nosotros y la recibimos muy admirados, como ella se merece. Ese día fue el que la conocí, aunque luego la he tratado mucho más. Pero estas palabras no las he olvidado nunca porque tenía razón: este trabajo tiene muchas cosas muy duras y una de ellas es esperar la respuesta de las editoriales y de los lectores.

Normalmente los adultos no tienen problemas para ver películas de animación, pero no se les suele pasa por la cabeza leer un libro infantil ¿Cuál crees que es la razón? ¿Consideras que los libros infantiles son exclusivamente para niños?

Pues los prejuicios, que cuesta mucho vencerlos. También hay que justificarlo un poco porque ha habido poca literatura infantil y mala en los últimos años, por lo menos en castellano y esto es lago que se ha ido arreglando. No hay que lloriquear, pero sí hay que animar a los lectores a que traspasen la barrera que separa la zona infantil y juvenil de una librería de la general porque eso les proporcionará enormes placeres.

¿Eras o eres lectora del Barco de Vapor?

Sí, sí, claro. Era y soy. Yo crecí con Barco de Vapor hasta que ya se me quedó pequeño, pero eso es un orgullo, que un lector sienta que con los libros le ocurre como con los zapatos, que ya no le van de una temporada a otra. Luego vuelven, claro, porque un buen libro no se queda nunca pequeño y te acompaña toda la vida.

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