Con 20 años le detectaron por primera vez leucemia y siete años después tuvo una recaída. La modelo Sandra Ibarra es una mujer luchadora que ha superado el cáncer en dos ocasiones. Su vinculación con la enfermedad le llevó a colaborar con entidades y finalmente a crear la Fundación Sandra Ibarra de Solidaridad frente al Cáncer, desde la que se impulsan iniciativas para mejorar la calidad de vida de los pacientes y financiar la investigación. ESTRELLA DIGITAL ha compartido con ella una conversación en la que nos muestra su visión de la mujer en la sociedad y sus proyectos y aspiraciones.

¿Cómo crees que ha evolucionado el papel de la mujer en la sociedad?

Depende de desde cuándo lo estemos valorando. Yo creo que tenemos una herencia constitucional que a veces se nos olvida. Hace mucho tiempo que las mujeres no tenemos que pedirle permiso a nuestros maridos para comprar una lavadora. Realmente no somos conscientes de que es una realidad bastante reciente. Hemos recogido el testigo para seguir trabajando y seguir cambiando las cosas. Es verdad que hemos conseguido avances importantes, pero aún nos queda camino por recorrer.

¿El hecho de ser mujer te ha supuesto algún problema en tu profesión como modelo?

No, para nada. Sí que es verdad que hay ciertos estereotipos, más cuando eres modelo y rubia. En el mundo de las empresas, cuando voy a reuniones a veces me encuentro algunas actitudes así, pero no son la tónica general. Al final uno demuestra quién es. Existe esa creencia de que por tener una cierta estética se te abren más puertas, pero muchas veces ocurre al contrario.

Conseguiremos la igualdad el día en que mujeres designemos a mujeres

¿Crees que aún existen desigualdades en el ámbito laboral?

Sí, y en otros ámbitos también. La desigualdad es evidente y no hay nada más que ver las estadísticas y los puestos directivos que ocupan las mujeres. Yo siempre digo que conseguiremos la igualdad el día en que mujeres designemos a mujeres; el día en que una mujer designe a otra para un puesto de responsabilidad.

Has superado la leucemia en dos ocasiones. Siempre has estado implicada en proyectos relacionados con el cáncer y desde hace unos años con la Fundación Sandra Ibarra. ¿Cuál es su misión? ¿Cómo ha evolucionado hasta hoy?

Llevo muchos años vinculada al ámbito de la salud y del cáncer. Tuve implicación desde mi primera enfermedad, que me curé. Comencé a trabajar con asociaciones y fundaciones vinculadas al cáncer. Luego tuve la recaída y seguí colaborando, pero sentía la necesidad de cambiar las cosas. Cuando llegaba a mi casa después de haber dado una conferencia o de haber visitado a un paciente pensaba en si estaba contribuyendo para cambiar algo y no tenía esa sensación. En 2007, los Príncipes de Asturias me entregaron un premio precioso por esos doce años de trabajo. Entendí que aunque habían sido acciones aisladas, en conjunto habían sido importantes y eso también me sirvió de impulso para dar el paso y crear una estructura donde cobijar todos esos proyectos. Así nace la Fundación Sandra Ibarra de Solidaridad frente al Cáncer.

Ha evolucionado de una forma muy favorable. Crear una fundación en tiempos de crisis no es fácil. En cinco años que llevamos, llevamos 20 becas de investigación entregadas y eso es un orgullo. El trabajo que hemos hecho es muy duro y agotador.

¿Crees que se reconoce lo suficiente el trabajo de las investigadoras?

Cada vez son más las mujeres investigadoras. Hace muchos años era difícil encontrar mujeres ocupando estos puestos. Ahora hay laboratorios que están compuestos sólo por mujeres, pero todavía nos queda camino por recorrer en este sentido.

Tenemos un proyecto en torno al Día de la Mujer que se llama 'Cocineras con estrella frente al cáncer de mama'. Es un acto en el que seis mujeres con seis Estrellas Michelín organizan seis platos. Queremos que esto sirva para visibilizar a la mujer cocinera porque cuando a las mujeres nos preguntan nombres de cocineros decimos una lista interminable, pero nos preguntan nombres de cocineras y nosotras mismas no los sabemos. Yo creo que la revisión y el reconocimiento empieza por ahí, por nosotras mismas. Los fondos obtenidos irán destinados a una beca de investigación en nutrición y cáncer de mama.

¿Qué mujeres son tus referentes?

Hace poco murió a los 103 años de edad Rita Levi-Montalcini. Me parece una mujer increíble. Era una italiana de origen judío a la que su padre no dejaba ser investigadora. Durante la guerra, montó un laboratorio clandestino en una habitación de su casa. Descubrió las conexiones nerviosas de las neuronas y al final su trabajo se reconoció muchos años después con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina.

También me encanta Henrietta Lacks, que es una mujer que murió en 1951 en el ala de negros del hospital de Baltimore por un cáncer de útero. Ese mismo día, un investigador anunció que gracias a una biopsia que le había hecho a Henrietta Lacks, consiguió mantener la primera línea celular humana viva en un laboratorio. A estas células las bautizó con el nombre de He-La y se fueron multiplicando y distribuyendo por todos los laboratorios del mundo hasta conseguir avances como la vacuna de la polio. Ha sido la mayor donante universal, aunque involuntaria. Siempre que hablo con investigadores les pregunto si conocen las células He-La y me dicen que sí, pero les pregunto si conocen a Henrietta Lacks y no saben quién es. Eso es porque ha habido pocas mujeres investigadoras y no se las ha reconocido.

Ellas dos son mujeres muy luchadoras que por mi trabajo fui descubriendo y me fui enamorando.

Hay vida durante el cáncer. No tenemos que esperar a estar curados para vivir

¿Le darías algún consejo a todas esas mujeres que luchan contra el cáncer?

Yo siempre digo que hay vida durante el cáncer. Cuando nos ocurre algo malo las personas que están a nuestro alrededor siempre nos dicen: "No te preocupes, que eso es un paréntesis en la vida". Yo siempre digo que los paréntesis también son la vida y que no tenemos que esperar a estar curados para vivir. Durante la enfermedad puedes tener muchos días duros, pero si te encuentras bien para llevar a tus hijos al colegio o para trabajar, ¿por qué no lo vas a hacer? Tenemos la capacidad de elegir cómo afrontarlo. ¡Vamos a elegir vivir!