lunes 14.10.2019
INFIERNO FISCAL

El colapso económico catalán

Mientras los ciudadanos pagan los impuestos más altos de España y Europa, y la Generalitat ejecuta los recortes sociales más duros, el presupuesto destinado al nacionalismo apenas ha variado: 500 millones de euros

El presidente de la Generalitat, Artus Mas. | GTRES
El presidente de la Generalitat, Artus Mas. | GTRES

La historia económica de Cataluña se ha convertido en la del mundo al revés. Normalmente, en el mundo occidental se dan dos situaciones diferentes: Puedes pagar muchos impuestos y recibir por ello muchos servicios como el caso de Suiza, o por el contrario, pagar pocos impuestos y recibir pocos servicios por parte del Estado como ocurre en Estados Unidos. Pero en la Comunidad Autónoma de Cataluña esa dicotomía se rompe y se crea una nueva realidad demente, se pagan muchos impuestos y se reciben muy pocos servicios.

Sean bienvenidos al mundo al revés versión catalana. Ante todo no se asusten, recuerden en qué lunático país están. Donde se cavan túneles para luego tapiarlos, donde los aeropuertos se han construido para los conejos, donde las vías de alta velocidad son para trenes sin personas, donde no circulan coches por las nuevas autopistas, en definitiva, están en España.

Infierno fiscal

Cataluña tiene el privilegio de tener no sólo los impuestos más altos de España sino también de Europa. Los tipos impositivos en el IRPF de Cataluña son los más altos de España y casi de Europa, ya en 2011 los tenía al 49%, que pronto pasó al 56%, comparte el honor con Andalucía. Los catalanes también pagan impuestos más altos que la media por transmisiones patrimoniales o el de patrimonios. Además, en Cataluña se introdujo el céntimo sanitario hasta el nivel máximo permitido (2,4 céntimos por litro de carburante).

Por si fuera poco, los catalanes también presumen de ser la CCAA con más peajes. Fue de las primeras autonomías en aprobar el copago sanitario de un euro por receta. Cobra un impuesto especial por las pernoctaciones hoteleras (Ley de Acompañamiento de los Presupuestos). Incluso en varios hospitales catalanes se cobra por las butacas para que descansen los acompañantes de los enfermos.

En definitiva, en estos últimos años, la Generalitat ha subido todos los impuestos que dependían de ella (excepto el de sucesiones) que unido a la subida propuesta por el Gobierno Central han dejado a la región catalana al borde del ‘infierno fiscal’.

Servicios limitados, en especial la sanidad

A pesar del esfuerzo fiscal del ciudadano catalán, la Generalitat no es capaz de cuadrar sus cuentas. En el primer trimestre de 2014, Cataluña ya ha consumido un 63% del déficit autorizado para todo el año. Además, su deuda pública se ha multiplicado por cuatro desde 2007 y es la CCAA con mayor volumen de deuda.

No cuentan con prestaciones sociales debido a las dificultades financieras, el alumnado becado apenas llega al 5% respecto a otras comunidades como Extremadura que superan ampliamente el 15%. El gasto en educación de Cataluña no sobrepasa el 20%, respecto a otras comunidades como Madrid o Navarra que superan el 25%. Respecto a los presupuestos de 2014, resulta explicativo que mientras para educación se destinan 4.790 millones para funciones políticas u otros se destinen 6.251 millones.

Otro de los pilares del llamado Estado del bienestar que debe sustentarse con los impuestos es la sanidad pública, pero nada más lejos de la realidad catalana. Son varios los sindicatos y asociaciones que han denunciado que más de un 20% de los médicos catalanes trabajan con precariedad. La fuga de doctores y personal médico de la comunidad es un hecho que se acentuado en los últimos años. Así en 2011, la fuga se cifraban en cerca de 50, el número se dobló en 2012 cuando se marcharon 102. Durante 2013 el número se ha multiplicado por 3 hasta los 301, de los cuales 88 eran españoles.

Además, la Generalitat ha estado arrastrando una importante deuda con las farmacias por el pago de las recetas. Todavía se le debe el pago de un mes y los pagos de marzo y abril se han realizado gracias a la ayuda del FLA (Fondo de Liquidez Autonómico).  La sanidad catalana arrastra un déficit estructural que supera los 850 millones de euros.

Que el FLA solucione los problemas de liquidez de la Comunidad Autónoma se ha convertido en costumbre en los últimos años. Desde su creación en 2012 Cataluña ha recibido una gran parte del dinero que se pone a disposición de las 17 comunidades, prácticamente Cataluña y Valencia han competido por las más ayudadas por el Estado. A finales de 2012 Cataluña ya había recibido cerca de 12.000 millones que habían permitido no entrar en quiebra. En 2013 se pidieron otros 10.000 y en 2014 en un principio eran 6.347 millones repartidos entre el déficit y el pago de la deuda, aunque tuvo que ampliar en casi otros 1.000 millones el rescate el Gobierno para que la Generalitat pagara sus facturas.

La independencia aparte

La política de recortes en Cataluña tiene su excepción en el caso de promover la independencia. Para tal fin, la Generalitat no escatima gastos ni derroches. Lo primero es lo primero. El gasto que asume el Gobierno catalán entre embajadas, medios, lengua y estudios que promueven el nacionalismo sobrepasa los 500 millones de euros.

El Centro de Estudios de Opinión, organismo en realizar las encuestas para Artur Mas, cuenta con una dotación superior al millón de euros y apenas ha sufrido recortes en los últimos tres años. El dinero que va dirigido a los medios afines al nacionalismo supera los 250 millones de euros, mientras que el Consorcio de la Normalización Lingüística que vela por el catalán tenía en 2012 un presupuesto de más de 27 millones.

Otro ejemplo del derroche de la Generalitat son sus seis embajadas en las ciudades de Berlín, Londres, París, Nueva York, Bruselas y Buenos Aires. A pesar de que el Gobierno español le ha ofrecido de manera reiterada la utilización de la red estatal de oficinas. El gasto de ellas son 33 millones de euros en 2012, tampoco han sufrido muchos recortes dos años después e incluso la partida “delegaciones, oficinas y misiones exteriores” ha duplicado su presupuesto.

Además, la ubicación de estas embajadas no se encuentra en lugares comunes de las ciudades. En Nueva York, hasta hace unos meses, la embajada catalana era un despacho de 280 metros cuadrados en el Rockefeller Center y lideraba los gastos por embajada. Aunque ahora el número uno lo ocupa la sede de París situada en la calle Boétie, muy cerca de los campos Elíseos. Se trata de un piso de 578 metros cuadrados cuyo alquiler y mantenimiento supone 598.190 euros anuales. Asimismo, el Govern cuenta con más de 30 oficinas comerciales.

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