martes 15.10.2019

El Andy Warhol japonés llena de arte el Palacio de Versalles

La muestra "Murakami Versailles", que se expondrá en el palacio del 14 de septiembre hasta el 12 de diciembre, confronta "lo antiguo y lo moderno"

El Andy Warhol japonés llena de arte el Palacio de Versalles
El Andy Warhol japonés llena de arte el Palacio de Versalles

Las esculturas de estética manga, las figuras Anime y el "pop art" de Takeshi Murakami, considerado el Andy Warhol japonés, se mezclan con la majestuosidad y tradición del Palacio de Versalles en una exposición no exenta de polémica por contraponer dos estilos tan dispares.

La muestra "Murakami Versailles", que se expondrá en el palacio del 14 de septiembre hasta el 12 de diciembre, confronta "lo antiguo y lo moderno", el clasicismo de la residencia real que se hizo construir en el siglo XVII el Rey Sol frente al vanguardismo jovial del nipón, según explicó el propio artista en la presentación de la exposición a la prensa.

Así, la figura "Tongari Kun", una de las más representativas de Murakami y que recuerda a personajes de dibujos animados japoneses como Pokémon o Doraemon, preside el Salón de Hércules, una de las salas más imponentes de Versalles, con sus mármoles y los frescos de su techo.

En el jardín, un gran buda dorado (Oval Buddha Gold) de ojos enormes disfruta de la mejor vista del "chateau", mientras que una figura de estética manga -"Miss ko", una joven rubia de pechos y piernas exhuberantes- invita a entrar desde el Salón de la Guerra al suntuoso Salón de los Espejos, símbolo del poder de Luis XIV.

Otra sala ha sido rediseñada para dar espacio a la escultura "Flower Lamp", una sucesión de flores que parecen sacadas de un videojuego japonés, acompañadas de un tapiz enorme con esta misma flora grabada.

En total, una veintena de obras expuestas en los apartamentos reales y en el jardín -el Pequeño Trianon, el lugar favorito de María Antonieta, queda al margen de la muestra-, del que un día fue considerado como "Rey Sol" y de sus sucesores.

Unos contrastes que no son del agrado de todo el público, que este jueves ya ha podido ver la exposición pese a que no se inaugura hasta el próximo domingo.

"Esto aquí no pinta nada. Me gusta fuera de aquí, pero yo he venido a ver el Palacio de Versalles", comentaba una turista española, sorprendida por esta invasión japonesa en uno de los monumentos más tradicionales y visitados de Francia.

Otra visitante lo consideró "horroroso" y afirmó no entender cómo los objetivos de las numerosas cámaras fotográficas se dirigían a las obras de Murakami en lugar de a los retratos de alguno de los reyes franceses o a los muebles de la época que adornan el lugar.

Estas impresiones no son únicas. La exposición ya es fruto de la polémica incluso antes de que se inaugure, puesto que el colectivo "Versailles mon amour", que agrupa a amantes del palacio, ha recogido ya más de 4.000 peticiones contra la muestra.

"Me encanta y es muy simpático cuando hay un debate sobre la cultura (...) Lo triste es cuando el debate se convierte en polémica fundada en la pasión excesiva y en los prejuicios", rebatió el presidente del Palacio de Versalles Espectáculos, el ex ministro de Cultura Jean-Jaques Aillagon, que reprochó a los críticos atacar la muestra sin ni siquiera haberla visto.

Murakami rehusó entrar en la polémica, dijo entender que no a todo el mundo le guste su propuesta pero la defendió como una "confrontación" entre lo antiguo y lo moderno, aunque reconoció que ha sido el trabajo "más difícil" que jamás ha afrontado.

Para resolverlo, apostó por dos temas que encontró omnipresentes en Versalles, la huella del Rey Sol y la abundancia del dorado, que le sirvieron como hilo conductor para distribuir sus figuras.

"A Luis XIV le hubiera gustado", sentenció Aillagon, que indicó que Versalles "no está muerto" y que en sus inicios, en tiempos del "Rey Sol", el palacio sirvió para que "se expresaran" los artistas de la época.

No es la primera vez que Versalles inunda sus vetustos salones con arte contemporáneo, que ya asaltaron el palacio en 2008, de la mano del estadounidense Jeff Koons y al año siguiente de la del francés Xavier Veilhan.

Esta vez ha sido el turno del risueño Murakami, artista de moda cuyo arte pop ha pasado por Nueva York, Fráncfort o por el Gugghenheim de Bilbao, entre otras ciudades.