viernes 28/1/22

Parece que la celebración de ARCO deja por unos días huérfano de actividades culturales el centro de Madrid, por ello debe congratularnos la organización de exposiciones como la que aquí se reseña en el Espacio Almirante 8.

En este céntrico espacio multidisciplinar, tiene cabida la creación de una serie de artistas absolutamente trasgresores, si entendemos esta palabra como sinónimo de aquello que está más allá del adocenamiento. ¿A qué llamo adocenamiento? Creo que el avezado lector estará de acuerdo con quien esto escribe, en que la estética del asco, la eclosión de la basura y el ensimismamiento en lo repulsivo, se han convertido en una auténtica "academia" del arte de nuestros días.

Stilianopopulos, Felipao, Espantaleón, Curiá, Primo de Rivera, Vidal y todos los creadores que componen esta muestra, presentan y representan un auténtico desafío al arte contemporáneo, pues su obra reconforta el ánimo, alegra la vista y festeja los sentidos, huyendo de las aludidas notas generalizadas del arte actual. Son, todos ellos, pintores y escultores que se solazan con la técnica durante la elaboración de sus obras, que viven intensamente toda su producción y ello queda perfectamente manifestado en el resultado final.

Cabe destacar en este aspecto, los trabajos presentados por Claudia Stilianopopulos Ridruejo, quien maneja con la misma habilidad la escultura, el dibujo y la pintura, manteniendo esa capacidad, reservada tan solo a algunos genios, para conservar el sentido primigenio del arte. Su estética está cargada de guiños infantiles y hasta inocentes, entiéndanse estas palabras como sinónimos de un arte no contaminado, esas formas que tan brillantemente supo recrear Miró y que quizá también hallamos en algunos periodos, acaso los más lúcidos, de Picasso. En efecto, sus dibujos, mimados trabajos de ilustración para nuestros sueños, son llevados a la tercera dimensión a través de unos tótems donde el recuerdo del arte povera, se transforma en un mundo de fantasía y originalidad.

El viaje interior al que nos conduce la producción de Stilianopopulos, se completa con un viaje, digamos exterior, a través de las fotografías de María Primo de Rivera. Grandes formatos para unir el mundo cristiano y el musulmán, un encuentro escenificado a través de unos edificios sugerentes en su decadencia, imágenes plenas de soledad en la que el espectador se transforma, por ello, en su protagonista.

Y es que el mundo de lo lejano, lo extraño y lo exótico está muy presente en la muestra, por ello Curiá y sus bronces completan un discurso cargado de inquietantes personajes extraídos de un África a caballo entre la ensoñación y la etnografía. Son sus figuras, auténticos referentes de melancolía y reflexión.

En fin, son muchas las ideas y los sentimientos que se nos quedan en el tintero. Cómo no referir ya un clásico presente aquí también, como son los Bull Dogs de Felipao, perros que se convierten en objeto y sujeto de su peculiar lectura kitsch y "neopop". Cabe destacar asimismo la fluidez espacial y material de las esculturas de Olga Copado o la inteligente mirada geométrica de las cerámicas de Espantaleón.

En definitiva, la muestra, como decía al iniciar esta reseña, supone una auténtica trasgresión, pues en ella apreciamos alegría en un tiempo de desilusiones, vitalidad en un tiempo de adormecimiento y reflexión en una época de vanos impactos.