Jueves 22.11.2018
TEATRO

Juana, la reina que no quiso reinar

Más de 200 representaciones desde 2013, incontables llenos en el patio de butacas, excelentes críticas y 3 nominaciones en los Premios Max 2015 (Mejor Espectáculo, Mejor Actriz y Mejor Autor Teatral) avalan este gran trabajo sobre Juana, la reina del pan y del queso

Gema Matarranz interpreta a Juana la Loca. |
Gema Matarranz interpreta a Juana la Loca. |

'Juana, la reina que no quiso reinar' es un texto imaginado por Jesús Carazo que refleja un testimonio sobrecogedor de Juana I de Castilla, más conocida como 'Juana la Loca'. Hija de los Reyes Católicos, casada de adolescente contra su voluntad y después encerrada durante 46 años por la única locura de ser mujer antes que reina y defender el amor por encima del poder. ¿Qué destacar de este papel histórico? "Su fragilidad, su dolor, su lamentable papel de víctima que, de alguna manera, simboliza el sufrimiento de las mujeres a lo largo de la historia", dice Carazo.

Es el espectáculo talismán de la compañía Histrión. Una obra capaz de crear una mezcla explosiva de amor y desamor, ternura, crudeza, dolor y pasión. Carazo destaca sobre su guión "la idea de ese hipotético ajuste de cuentas del personaje con los seres que la relegaron, torturaron e hicieron desaparecer". Y escribe un texto desgarrador y emocionante sobre una mujer sin ambición que sobrevivió a todos los que la repudiaron y a la que deja morir lentamente.

Física y emocionalmente, Gema Matarranz se convierte en la reina Juana durante sesenta minutos. Es, para el espectador, una experiencia extraordinaria. "Lo que más dificultad me ha supuesto es trabajar teniendo como base la tristeza, y a partir de ese estado transitar por muchas emociones", explica esta actriz también nominada este año a los Max por su trabajo en la obra 'Arizona'.

La intensidad emotiva y fuerza de la intérprete sobre el escenario es soberbia. Gema Matarranz hace un retrato más que sobresaliente de un ser aislado en su locura y su encierro. No es la soberana que se estudia en los libros, es una mujer de carne y hueso que tiembla frágil con sus recuerdos. Porque lo maravilloso de este montaje está ahí, en la actriz, que pone los pelos de punta desde el primer minuto, cuando nada más pisar el escenario vestida de soberana llama a Catalina, la hija querida que no está a su lado. No están ninguno de sus hijos, no están sus padres, no está su amado esposo, todos muertos o alejados de esta reclusión que duró tantos años.

La lágrima es difícil siempre, en el teatro más, y llorar con convicción aún más. Pero a Gema Matarranz le nace el llanto del alma y su tremenda profesionalidad muestra un espléndido despliegue de matices. "Todos los actores deberíamos enfrentarnos a un monólogo alguna vez en nuestra carrera para poder ser conscientes y llevar el ritmo tanto interno como en el conjunto de la obra, aprender a trabajar con el equipo que se forma con el técnico de sonido, el de la luz, movernos juntos para hacer cada función y no solo repetirla", comenta la protagonista de Juana.

Que Juana esté acompañada por un fraile en ese palacio de Tordesillas donde su padre, Fernando el Católico, la mandó encerrar, dota de un mayor efecto y dinamismo a la acción, ya de por sí intensa y medida. El papel interpretado por Enrique Torres está construido desde una muy acertada sobriedad que refuerza lo dramático del viaje emocional de Juana. La escenografía, formada fundamentalmente por velas, candelabros y dos ataúdes ayudan a esta reina que no quiso reinar en su discurso. Hay que destacar también un magnífico juego de luces.

El personaje histórico

La reina Juana I de Castilla, llamada por el pueblo 'Juana la Loca', nació en Toledo en 1479. Era hija de los Reyes Católicos, quienes, por razones de estado, la casaron a los dieciséis años con Felipe el Hermoso.

La importancia de la reina Juana para España es extraordinaria. Gracias a su matrimonio, puro "negocio" de Estado, entra en el reino la casa de Austria, y todos sus hijos llegaron a ocupar los principales tronos europeos. Para los españoles, el descendiente más conocido fue sin duda su heredero, el emperador Carlos V.

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