lunes 16.12.2019

Vecinos y operarios trabajan sin descanso en Arganda para olvidar la tormenta

El panorama de una catástrofe recorre las calles de Arganda del Rey, donde se cruzan los vecinos que intentan retomar la normalidad y los servicios de limpieza que trabajan sin descanso, desde la tarde de ayer, sobre el barro, las montañas de granizo y los comercios inundados por la fuerte tormenta

Vecinos y operarios trabajan sin descanso en Arganda para olvidar la tormenta

En un panorama más propio de una nevada que del mes de agosto, el hielo se amontonaba esta mañana, mezclado con el follaje de la vegetación que arrastró el viento y que cubre las aceras de la localidad madrileña, que registró en pocas horas 57 litros de agua por metro cuadrado.

 

Los afectados achican este martes el agua almacenada en sus locales con palas y cepillos, al tiempo que los bomberos y las máquinas de la construcción ayudan a abrir el paso entre los montones de granizo, y los operarios municipales buscan a ciegas, entre los charcos, las tapas de las alcantarillas para drenar el agua.

"De un momento a otro comenzó a llover y granizar", relata Melisa antes de asegurar que no había visto nada igual desde que hace tres años se estableciera en Arganda.

Las bolas de granizo acompañaron a la lluvia. Se formaron riadas y las vías laterales vertieron todo el agua hacia el centro del municipio. El resultado: vehículos desbocados calle abajo, escaparates y negocios destrozados.

Una tienda de ropa, que abrió sus puertas hace apenas dos meses, sufrió la avalancha. Y para su desgracia, un coche atravesado en mitad de la calle desvió la riada hacia el establecimiento.

"Entre nosotros -añade Melisa- vamos a tratar de ayudar al menos a sacar el hielo".

Las imágenes grabadas por los vecinos muestran que en el lugar donde se encuentra el local afectado, la altura que alcanzó el agua ocultaba casi al completo los bolardos de la vía, mientras se sucedía la procesión de coches y contenedores arrastrados por el diluvio.

Para Eva, que trabaja en una peluquería cercana, fue "horrible, inquietante". Atendía a dos clientas cuando vio el agua descender y cerró la puerta, pero no llegó a echar el cierre, precavida de un posible apagón de luz.

"Gracias al coche que se quedó atravesado, el resto de los locales no fueron tan afectados", explica.

También Teonila vivió con angustia la situación, que califica de "temible". Los impactos del granizo le parecieron "tiros, en vez de piedras".

"Creía que era el fin del mundo", comenta. "No sabía dónde meterme".

Ricardo recuerda una tormenta similar, "otro chaparrón salvaje". En aquella ocasión, asegura, murió una persona, cuyo cuerpo arrastrado por la corriente se logró finalmente encontrar.

Atribuye los destrozos a la disposición del callejero, con calles laterales que vierten el agua en el centro, y exculpa de responsabilidad a las autoridades municipales.

Por su parte, Mercedes sintetiza en pocas palabras la magnitud del desastre: "Tienes algo y en el momento no tienes nada".

Comentarios