sábado 19/6/21

El contagio de la flamenquita y el torero

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La grandeza de España como paraíso del turismo a nivel mundial, y como indiscutible potencia década tras década, recae sobre una serie de estructurales pilares: la cultura, la historia, el arte en todas sus dimensiones… y por supuesto nuestras costas y nuestra gastronomía, simplemente por citar algunos de los muchos alicientes que buscan quienes llegan de todos los rincones del mundo por decenas y decenas de millones, sin descanso y muy animados.

            Pero hay mucho más en el turismo, y su caída ocasiona que quede enteramente al descubierto. Algo tan básico como las tiendas de 'souvenirs' que hoy, descabezadas por el maldito covid19, se sitúan en numerosos puntos de la geografía nacional, empezando por las grandes ciudades, al borde de la desaparición.

            No es una cifra menor la de 7.000 negocios que, al carecer de un código propio en la clasificación de actividades económicas, pueden quedar fuera de los receptores del fondo del gobierno para el rescate, en este caso de hasta 40.000 empleos directos, cada uno de los cuales -especialmente en los tiempos que corren- es oro.

            Son muchos los emprendedores que llegan a estas alturas de la pandemia exhaustos, con una serie de deudas que, tras tantos meses de cierres y restricciones, superan a su propio patrimonio: no queda mucho más riñón ni pulmón del que tirar cuando las penurias se acumulan semana tras semana.

            Lo cierto y verdad es que resulta incongruente que este tipo de tiendas, tan emblemáticas y necesarias por otra parte, no puedan acceder a las ayudas porque sean equiparadas, por ejemplo, con las ferreterías o los comercios textiles (¡¿estamos locos?!).

            En efecto, hay ciudadanos que siguen pagando la Seguridad Social, y los ERTE, y el IAE, y el IBI, y los préstamos… ¿quién puede aguantar este endiablado ritmo? La calle Mayor de Madrid, el centro Museístico de Málaga, el monumental núcleo de Santiago de Compostela… ¿podemos imaginar lo que significaría la extinción de establecimientos que tanta riqueza y tanta solera aportan, que tan nuestros son?

                En efecto. No es admisible, y alcanza la categoría de lo alucinante, que una de las áreas más vapuleadas por el coronavirus se quede fuera de juego, literalmente. La burocracia y los limbos administrativos no pueden terminar sepultando a quienes son y merecen seguir siendo parte de nuestro hermoso y singular paisaje. ¿Reaccionará el gobierno ante la desesperación? 

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