martes 24/11/20
EDITORIAL

De los balcones a las algaradas: España, erre que erre

Era cuestión de tiempo, y de que el gobierno de Madrid cayese en la trampa que le tendió, como se adelantó en Estrella Digital, el de España. Todo pasaba por trocear el estado de alarma y colocar la pelota en el tejado de las Comunidades Autónomas, a sabiendas de que, por razones obvias, la de Madrid se iba a llevar la peor parte de la pandemia y, por consiguiente, las decisiones bajo lupa, en momentos críticos, las debería asumir Ayuso, con su consiguiente desgaste.

Fue el inicio de una campaña alentada desde Moncloa no para ayudar a la capital de España sino para cuestionar y embestir contra las iniciativas encaminadas a controlar el rebrote. De ahí al agit-prop callejero restaban cuatro días, que son los que ya han pasado.

Así que de una inmensa mayoría de los españoles saliendo a los balcones a aplaudir en los cuatro puntos cardinales del país cuando Sánchez era el responsable del confinamiento completo se ha pasado a una minoría, pero como en tantas ocasiones gritona y en clave destructiva, tomando las calles y cercando las instituciones, como en Vallecas (la Asamblea), cuando ha sido al PP al que le ha tocado establecer a nivel regional medidas de confinamiento selectivo.

Es una nueva muestra de sectarismo y de manipulación, el enésimo ejercicio de división de la sociedad para lanzar a una parte de ella contra una clase política inoperante. Porque el gran sarcasmo ahora, tan enorme como luctuoso, es que a Ayuso se le imputa inactividad después de que todo un gobierno de la nación haya apenas avanzado, a trancas y barrancas, teniendo que contemplar como día tras día crecían los muertos en todas las regiones hasta escalar por encima de los 51.000.

Por el bien del combate contra la pandemia, los mismos dirigentes que han encrespado los ánimos y lanzado sus huestes contra el ejecutivo madrileño por razones puramente partidistas, bien harían en llamarles a una retirada inmediata y definitiva. Podemos asistir, entre funerales múltiples y familias rotas velando a sus fallecidos, al deplorable espectáculo de siempre: los ataúdes arrojados, invariablemente, sólo contra los políticos de un mismo signo y partido. ¿Hasta cuándo? 

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