viernes 14/5/21

2.000 demandas sobre la barra de un bar

hosteleria

La demolición es un hecho incontestable y, dadas las causas y los causantes, la respuesta también lo es. Más de 2.000 propietarios de bares y restaurantes mantienen sus reclamaciones a las Administraciones Públicas por las pérdidas patrimoniales ocasionadas por las restricciones. El plan de ayudas directas para pymes y autónomos, tramitado por el gobierno y procedente de Europa, es insuficiente, y tiene toda la lógica que los procedimientos judiciales sigan su curso.

            Tras un año de pandemia, 100.000 locales han cerrado a cal y canto, más de 300.000 trabajadores han ido directamente al paro, cerca de medio millón sigue en ERTE (¿hasta cuándo?) y 70.000 millones de euros en ingresos se han ido por el desagüe. Dado el panorama, numerosas plataformas de afectados y la patronal del sector no se llaman a engaño: “habrá miles y miles de demandas más, porque el daño y la demonización que nos han hecho debe ser compensado”, y son incontables los propietarios que están esperando la llegada del rescate comunitario, como agua de mayo (nunca mejor dicho), como mínimo para ponerse al corriente del pago de sus deudas, que no son pocas.

            Desde restaurantes con estrellas Michelín hasta tascas, las prohibiciones de trabajar y las limitaciones en los horarios han pasado por la restauración española como el caballo de Atila ante la incomprensión, especialmente pero no sólo, del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo. Las reclamaciones llegarán al Tribunal Supremo en no menos de dos años (un plazo, dados los tiempos que corren, infinito). El agotamiento ha hecho mella y la simple mirada al lucro cesante por los cierres de 2020 causa vértigo.

            El tiempo dirá. Los propietarios de negocios absolutamente vitales para nuestro país se consideran víctimas propiciatorias que entienden que las AAPP han despejado su responsabilidad de adoptar las medidas que no adoptan: contratación de personal médico, incremento de rastreadores, aumento de las camas en las UCIS... Sería triste que quienes tanto dan por la gastronomía y el bienestar emocional de los ciudadanos terminasen convertidos en chivos expiatorios de la incompetencia, los errores, las arbitrariedades y la falta de criterio malamente exhibida desde el poder.

 

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