Un cine demasiado dependiente

Al cine español le podrían aplicar la ley de dependencia. El relevo de Ignasi Guardans como director del Instituto de Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) por Carlos Cuadros, un antiguo colaborador de la ministra Ángeles González-Sinde, en la Academia del Cine ha vuelto a airear los problemas de un sector endogámico, dependiente de la financiación pública y de las televisiones, con estructuras anquilosadas en muchos organismos y donde los resultados de auditorías como la realizada en la Filmoteca Nacional o las prácticas de algunos festivales de cine preocupan a los responsables del sector.

Ignasi Guardans deja el ICAA repitiendo las quejas de siempre. En su año y medio al frente del cine español quiso fortalecer la industria y el negocio. Su instrumento fue la orden que desarrolla la Ley del Cine. Su objetivo: más dinero para grandes películas. Tanto a través de subvenciones para guiones -15 ayudas de 40.000 euros- como por producción y taquilla: un máximo de dos millones de euros hasta la mitad del coste de la película y el 75% de la inversión del productor.

El cine se dividió. Colectivos como Cineastas contra la Orden se quejan del castigo a la producción independiente y de bajo coste mientras otros repudian a los cineastas refugiados en el arte para despreciar la taquilla. Las televisiones siguen protestando contra el cinco por ciento de sus ingresos que deben invertir, pero poder concentrarlo en taquillazos y convertirse en las productoras con mayor recaudación gracias a películas como Ágora, Planet 51, Celda 211 o Fuga de cerebros, calmó sus ánimos mientras se benefician de la desaparición de la publicidad de RTVE.

Un fortalecimiento del negocio del cine y de su promoción gracias al poder de las televisiones, pero para muchos una amenaza para la producción independiente, cada vez más atada a las cadenas.

En los cajones del Ministerio de Cultura está pendiente la decisión sobre la Filmoteca Nacional. Una institución en la que una auditoría realizada en junio ha hecho saltar algunas alarmas. El informe recoge irregularidades tanto en la gestión económica y administrativa como en el proceso de digitalización de los fondos. Su director, José María Prado, sigue al frente tras veinte años en el cargo a pesar de la fracasada intención de Guardans de relevarlo. Un aluvión de cartas de cineastas en apoyo del veterano cargo, recogidas por el productor Paulo Branco, parece haber detenido la amenaza.

La otra bestia negra de Guardans fueron los festivales de cine. Numerosos, subvencionados por Estado, autonomías, ayuntamientos, instituciones y empresas, y donde crecen las dudas sobre su eficacia para la promoción del cine español.

La mayor disputa del ex director del ICAA fue por el relevo en la dirección del Festival de San Sebastián. José Luis Rebordinos, ex director de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de la capital guipuzcoana, asume el cargo frente a la candidata del ex director de ICAA, Paz Lázaro, vinculada a la Berlinale. El anterior director, Mikel Olaciregui, continuará asesorando al festival donostiarra y se hará cargo de su representación en Estados Unidos.

Tras la etapa Guardans, en el sector del cine se confía en que cambie la relación con el nuevo responsable, Carlos Cuadros, alabado por su facilidad de trato. Una virtud en la que se ha apoyado la ministra para decidir la sustitución. Cuadros se ha comprometido "a continuar el tren que está en marcha y que tenía los raíles perfectamente definidos", y a seguir con la reestructuración del sector, tanto de la creación y producción como de la digitalización de las salas –sólo un 7% del total-, lenta hasta que la irrupción del 3D ha impulsado la reforma de los cines, todavía más lenta que en países europeos como Francia o Gran Bretaña.

Lo que queda de la etapa Guardans es la producción de 186 largometrajes en 2009, la cifra más alta de los últimos años, superior en un 13% a la de 2008. Una taquilla de 104,37 millones, un 15,6% de los 671 millones de taquilla total con las películas extranjeras, con 365 largos exhibidos y  más productoras que nunca: 234 que han participado en al menos una película frente a 217 el año anterior. En el extranjero, las películas españolas recaudaron 43,2 millones de euros el año pasado, según datos de los productores y el ICAA.

Pero las cuentas siguen sin cuadrar. El ICAA ha invertido 75,8 millones de euros en subvencionar el cine de los 87,15 millones que tenía aprobados en 2009. Las autonomías dedicaron otros 44,95 millones a las subvenciones al sector audiovisual. El cine supone una parte muy pequeña del negocio de la producción audiovisual (2.278 millones en 2008) y se resiente por la falta de innovación. Mientras el 3D se consolida, la distribución en internet continúa siendo minoritaria por la escasez de oferta y los retrasos en los estrenos: un año de media en España frente a tres meses en Europa.

Pero Cultura continúa enfangada en la defensa de la propiedad intelectual sin que la industria apuesta decididamente por nuevas pantallas y nuevos públicos para el cine. Con el crecimiento del streaming (visionado sin descarga) y el aumento de dispositivos móviles o la convergencia de la televisión con internet, al nuevo director del ICAA no le llegará con sostener la política desarrollada hasta ahora.