Fernando Arnaiz

La letra digital con sangre entra

La letra digital con sangre entra

El libro electrónico se estanca flotando en la nube. Las ventas a nivel internacional, sobre todo en EEUU, se encuentran en crecimiento cero o en estado de recesión. Y bajan. En España, las bibliotecas públicas de algunas Comunidades autónomas intentaron hace años dar el salto, pero sin éxito, a pesar de sus atractivas ofertas de catálogos digitales financiados por el Ministerio de Cultura. El lector no está dispuesto a pagar por un libro electrónico casi lo que paga por un libro en papel. En cambio, se gasta el dinero en música digital porque los nuevos talentos nacen en la red de redes.

No obstante, y pese a las tendencias negativas, en nuestro país, según el 'Informe anual del libro digital 2016' elaborado por Libranda, la empresa creada por los grandes editores españoles como plataforma común para distribuir sus libros en las distintas librerías digitales, el mercado del libro electrónico en lengua española aún crece.

Lo cierto, y dejando a un lado los datos estadísticos, es que asistimos a la triste devaluación de la letra disfrutada y saboreada, a la inexplicable dejadez de la literatura escrita y viva, para dar paso a los envoltorios con diseños espectaculares, a la venta de libros por su continente. Pero el contenido sigue ahí, entre las páginas de cientos y cientos de publicaciones que duermen el sueño de los justos, aislado en las estanterías del librero.

La educación en la lectura debe provocar a los más pequeños, en las mismas aulas, un instinto básico movido por la ansiedad de creer en lo que existe e imaginar en lo que no existe, de navegar en lo imposible, de bucear en las historias de otros que son y serán las suyas. En definitiva, fomentar la insolente y arriesgada incursión del lector en la imaginación ajena. Así, sin más complicaciones.

Nada supera a una historia bien contada, bien narrada. Nada supera al personaje irreal, porque la literatura es improvisación y creación. Sólo los sueños nos agradan tanto como los buenos libros, ya que ambos se mueven libres por esa imaginación que permite ver, oír y en ocasiones tocar lo sentido y el resto por sentir. Desde esta tribuna semanal demando la necesidad de escribir, reclamo el compromiso con la literatura y su contenido, porque es el soporte mágico de la fantasía y la realidad, cargada siempre de autor y de experiencia. Cada libro es distinto, cada autor es diferente; unos cuentan historias para vivir y otros viven historias para contar. Las historias interminables.