David Pérez

La Revolución caducada

La Revolución caducada

Muy lejos queda aquella frescura, aquella vitalidad, aquella energía que inspiró los movimientos previos al nacimiento de Podemos y sus sucedáneos. Hoy se ha esfumado esa ilusión, esa camaradería, esa imparable riada de personas conjuradas contra el sistema, contra el dogmatismo, contra el capitalismo, contra la vieja política y sus miserias. Porque el desencanto devoró con pasmosa rapidez lo que aquello pudiera tener de auténtico en esa Casa tomada por la arrogancia y el sectarismo.

Y como en la saga estelar, los rutilantes dirigentes podemitas han sido abducidos por el lado oscuro de la Fuerza, y hoy han abrazado, en tiempo récord, todas esas miserias que tanto afeaban a la vieja política, y se han convertido en meros políticos al estilo soviético entregados a conservar su sistema, aupando a los suyos, viviendo en mansiones como los capitalistas que repudian, incurriendo en prácticas nada alejadas de la corrupción, imponiendo su dogmatismo como intransigentes mandatarios, que purgan a sus críticos, alimentan sus camarillas y evidencian su hambre de poder, la auténtica religión de estos señores, lejos de la Justicia o la Igualdad que pregonaban.

Se esfumó la frescura, y con ella la credibilidad

Es imposible hablar de derechos de la mujer mientras te financian países que lapidan a las mujeres, por no hablar de otras actitudes tremendamente machistas. Es difícil hablar de democracia interna mientras se evidencian las guerras cainitas de sus antaño fraternales camaradas. Es complejo dar lecciones de política cuando en los pocos sitios donde gobiernan los ciudadanos asisten a un Halloween diario de ocurrencias y disparates, como ocurre en Madrid o Barcelona.

Se esfumó la frescura, y con ella la credibilidad, porque cuando un movimiento populista opera con los sentimientos y moviliza a las masas apelando al odio, es difícil que pueda sostener eso en el tiempo sin que se le vean las costuras. Y esas costuras han resultado ser muy feas.

Aunque un análisis más pragmático pudiera justificar la acción política de la extrema izquierda populista en función de sus resultados electorales, no nos engañemos. La base electoral va por otro lado, porque a alguien tendrá que votar la gente de izquierdas ahora que han reducido a polvo al PSOE y a historia a Izquierda Unida, pero lo cierto es que nada queda ya de esa revolución frustrada, inacabada, impostada, y ahora caducada, víctima no de la obsolescencia programada, sino de la falsedad, la hipocresía y las falsas promesas, que han dado paso al desencanto y la frustración de quienes creyeron sinceramente en un cambio, pero en un cambio a mejor, no en esta sucesión de dislates, excesos, alcaldadas, machos alfa, lideresas despechadas y actitudes totalitarias.