Jaime-Axel Ruiz Baudrihaye

Hoteles o bibliotecas

Cañones o mantequilla ya no es el dilema. La disyuntiva es invertir más en educación o en diversión, lo que indicaría el modelo de sociedad a que aspiramos. Cuando observamos los presupuestos municipales para fiestas y espectáculos y su inversión en bibliotecas, escuelas, jardines de infancia, nos asaltan dudas sobre qué país queremos.

Se comprende que los ayuntamientos, siempre faltos de dinero y recargados de personal, acudan al turismo y a los jolgorios como fuente de ingresos. Por un lado es explotar el pasado, los monumentos, los parques, los museos que ellos no han construido ni creado. Y por otra, se explota la playa, las vistas, el clima, las terrazas, el alcohol barato. Con un poco de promoción ya basta. Es una especie de vida de rentista.

Las bibliotecas son las que hacen vivir a las editoriales y a los escritores, traductores y demás profesiones asociadas al libro. Los compradores de libros se suelen gastar más en restaurantes o ropa que en libros. En España hay 6.717 bibliotecas, en Francia hay 7.100 además  de 9.200 puntos de acceso público a libros. Pero las estadísticas son engañosas porque desconocemos los metros cuadrados de biblioteca por habitantes, su frecuentación, así como el número y calidad de sus libros. Muchas de nuestras bibliotecas municipales se nutren de libros del montón, de las publicaciones oficiales, son entecas. Utiles y necesarias como lugares de estudio con acceso a internet, pero algo frustrantes para el lector. Necesitan más medios. Por citar una, como ejemplo, la municipal de la avenida de los Toreros, en Madrid, precisa de mucho más espacio.

Si todas las bibliotecas municipales comprasen, por ejemplo, las poesías completas de Blas de Otero, recientemente editadas, la editorial (Galaxia Gutenberg) amortizaría los costes. Como si comprasen ‘El silencio de los peces’, de Jacobo Llano, premio Jaime Gil de Biedma (Ed. Visor). La poesía es la gran sufridora de las editoriales y el apoyo público, en vez de simples subvenciones, podría venir en órdenes de compra.

Sin caer en el axioma de que cuanto más lea el pueblo, mejor (que también ha habido pueblos muy instruidos que han cometido barbaridades, como la Alemania del Tercer Reich), creo que cuantas más y mejores bibliotecas, mejor. Ahora que discuten los presupuestos de 2017, sería oportuno invertir más en ellas.