Presidente Consejo Editorial: Germán Yanke
Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
23/12/2009
Compartir este articulo: DELICIOUS MENEAME DIGG Agregar esta página a Mister Wong TECHNORATI BLINK WIKIO
Envia este articulo para un amigoImprimir página

Tecnología sin alma

Ion Antolín

Tenía pendiente una visita al cine. La verdad es que hacía tiempo que no me veían por allí. No sé si las películas en cartelera de los últimos meses no me han emocionado, o porque dentro de poco sentarse en la butaca costará lo mismo que hacerlo en una barrera de Las Ventas. El caso es que llevaba meses sin pisar un cine. Al menos eso hay que reconocerle a la película de James Cameron: Avatar ha conseguido llevarme hasta el local.

El director quiere contar tantas cosas en esta película, que la conclusión final es ninguna. O todas. Es complicado saberlo. Aunque hay una que queda clara a los pocos minutos de comenzar la sesión: uno ya conoce el final. Muchos han comentado que el guión de Avatar es bastante simple, quizás demasiado para una película con sus aspiraciones. Eso es cierto. Pero el verdadero drama que subyace bajo las luchas de Pandora es que no hay una historia detrás. Si no se tiene nada que contar, es muy complicado escribir un buen guión y mucho más firmar una gran película.

La sensación en la sala durante todo momento fue la de estar viendo retales de otras obras, mezclados con cierta maestría, para formar un conjunto final facilmente digerible por el espectador. Hubo momentos tiernos en los que Pocahontas parecía hacer acto de presencia en la pantalla, otros vibrantes en los que las estampidas de Jumanji hacían temblar el equipo de sonido, minutos en los que uno esperaba ver aparecer al Rey León de un momento a otro, y tramos que evocaban la llamada a la unión de los clanes escoceses en Braveheart. Incluso algunos acordes musicales al final de la cinta me recordaban vagamente algo que todavía no he sido capaz de descubrir. Estoy en ello.

El cine es algo que debe hacernos vibrar. Tiene que poner nuestras emociones al límite. Necesitamos olvidar los sinsabores de la vida cotidiana y entregarnos a la magia de una historia contada para ser consumida con avidez y pasión, con curiosidad y cierta dosis de riesgo para llegar a sorprendernos con el desarrollo y los desenlaces. La tecnología, los efectos especiales de toda la vida, al igual que la fotografía y los movimientos de cámara, deben estar al servicio de la historia narrada y no al revés. Cuando se invierten los papeles, se rompe la magia y se vislumbra el terrible sendero del aburrimiento. Si la perfección técnica se convierte en un fin en si mismo, se pierde la capacidad de atacar directamente al alma del público. Así es imposible dejar huella. Es la garantía para pasar desapercibido.

El enorme alarde técnico que supone Avatar, su impresionante avance en la tecnología aplicada al cine, no sirve en esta ocasión para poder decir que estamos ante una gran película. Podremos pasar un rato entretenido, no lo niego, pero hace falta bastante más para reinventar el séptimo arte sin que deje de ser esto último.


Contacto y direcciones de La Estrella Digital. Todos los derechos reservados ©2010