domingo 5/12/21

Reprobación general

En España es casi imposible que una moción de censura tumbe al Gobierno porque ha de ser "constructiva", es decir, además de reprobar al Ejecutivo, el Congreso de los Diputados ha de investir al líder de la oposición como nuevo presidente. Así, la moción de censura constructiva es más que un instrumento para cambiar de Gobierno, un recurso parlamentario y de opinión pública para deteriorarlo. Cuando más débil se muestra un Ejecutivo, más daño le hace la moción de censura porque somete a debate su gestión sin conseguir habitualmente que se examine al candidato que pretende la presidencia.

Y en esa tesitura se encuentra Rodríguez Zapatero: Rajoy manosea dialécticamente la posibilidad de plantearle una moción de censura, mientras al Gabinete le caen de todas partes. Ya escribí que las críticas a la mala gestión de la retirada de las tropas españolas de Kosovo eran justificadas porque respondían a una grave descoordinación interna y a un serio desconocimiento internacional en el Gobierno. Pero no han parado ahí las cosas. Es poco presentable que las medidas urgentes del Ministerio de Trabajo sobre el empleo -establecidas mediante Decreto-ley- se sometan a un procedimiento de enmiendas mediante la articulación de un proyecto de ley por falta de apoyos al grupo parlamentario socialista de sus habituales aliados. Y tampoco es presentable que, en medio de la crisis, el número dos del Banco de España se marche al Fondo Monetario Internacional cuando era el que controlaba la situación general del sistema financiero y, específicamente, las Cajas de Ahorro.

Lo que llama, además, poderosamente la atención es el pesimismo de los sectores más próximos al PSOE -en lo social y en lo mediático- sobre la viabilidad del Gobierno. Los comentarios de Iñaki Gabilondo en el informativo de Cuatro son auténticos editoriales a los que se atribuye un gran valor sintomático. Tanto -o quizá más- que a los editoriales del diario El País, que no se priva en sus críticas, muy en línea con el sesgo mayoritario de las opiniones que se pueden escuchar en la cadena SER. De tal suerte que a Rodríguez Zapatero han de empezar a preocuparle más los ataques de los próximos que las censuras de los ajenos. Aquéllos le reprochan no haber consolidado su liderazgo ni madurado su inexperiencia inicial, ni haber adaptado su frágil equipo gubernamental a un entorno extraordinariamente hostil; sus enemigos no hacen otra cosa que adverar la banalidad presidencial que atribuye a la casualidad la emergencia política del actual inquilino de la Moncloa.

Es probable que el gran defecto o carencia del presidente sea el de su constante adolescencia política. Que si fue carismática y popular al principio (el "optimismo antropológico", el "pensamiento Alicia"), ahora se considera y valora como una inmadurez incompatible con la situación general del país. El perfume del reproche, de la censura, se percibe más allá del Parlamento, incluso con una oposición tan improbable en su solidez interna como la que plantea, hoy por hoy, el Partido Popular. El duelo será en junio, en las elecciones europeas. A las que vamos a llegar con la lengua fuera y colectivamente exhaustos. Y puede que en esa cita con las urnas se agote la legislatura. Al tiempo.

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