martes 30/11/21

La Ley de la Cuadra –Léase Ley De Educación

clase Imagen comunidad de madrid

Allá por el año mil novecientos noventa y tres, cuando todavía no se barruntaba el desaguisado del sistema educativo, recién llegado a Palencia, procedente de Madrid, tras un breve paso por la administración autonómica, mi amigo y excepcional maestro, el Hermano Alejandro –que en paz descanse-, me decía, con el fino humor y el sarcasmo que le caracterizaba, aquello de: “me paso la vida desasnando burros y tengo la cuadra llena”, yo me reía inconsciente de sus sabias palabras.

También los Hermanos Alejandro, José, Iñaki, Melchor, José María  o Jesús –todos maristas- se lamentaban  del raquitismo y la decadencia de las nuevas y progresistas leyes de la educación. Entonces me parecía que sus palabras eran fruto de la exageración y de la imaginación. Hoy, más de veintiocho años después, me tengo que rendir, no si profundo dolor, a la evidencia, contrastada y evidenciada, de lo acertado de sus augurios. Qué razón tenían aquellas agudas reflexiones de estos hombres veteranos en el quehacer docente.

¿Qué pensarían hoy de las nuevas y desacertadas propuestas que, en materia de educación, se han venido pariendo desde entonces? ¿Cómo se encontrarían ejerciendo su magisterio en tan aciagos momentos que vivimos? Ellos, maristas de vocación y brillantísimos educadores, alucinarían en colores. Me acuerdo mucho de ellos, grandes amigos y mejores personas, ante las perogrulladas y execrables disposiciones ministeriales promovidas desde la progresía, de zambomba y pandereta, de plastilina y collage, propias de cualquier fiesta estudiantil, Seguramente – y creo no equivocarme-, vomitarían y exigirían un anticipado retiro su  noble tarea docente.

Efectivamente, el ministerio de Educación y Formación Profesional, se ha convertido, desde sus disposiciones, en el paladín del desafuero, la locura galopante y en la fábrica de los sueños imposibles. La maldita y perniciosa Ley Celaá, a la sazón, Ley Orgánica de Modificación de la LOE, la conocida como LOMLOE, es un terrible instrumento al servicio de espurios intereses ideológicos, estilete de la calidad de un dilapidado sistema y, no me cabe la menor duda al respecto, en una barbaridad de proporciones apocalípticas. Es decir, en un lastre para el avance social, un contrapeso del progreso y en la exaltación y culto a la sociedad del desconocimiento y la abultez de la peor factura posible. Triste, muy triste y verdaderamente lamentable. Así de claro y así de concluyente.

Las nuevas pedagogías del recorta y pega, de los gemelos pensantes –que no piensan nada-, de los mapas conceptuales y demás pamema pinturera, se ha instalado con notable éxito en nuestra comunidad escolar. Paradójicamente, la norma que promueve las llamadas competencias, ha conseguido el efecto contrario, es decir, se están graduando en los centros de enseñanzas medias, generaciones de incompetentes en lingüística, en competencia social y ciudadana –baste ver los comportamientos generalizados de nuestros jóvenes en el ámbito social-, en analfabetos en lo que a la historia se refiere, en terroristas al servicio de las faltas de ortografía y en desafectos a la lectura y la escritura. Además, gracias a la ayuda de las calculadoras y las tabletas “evolución ZRGPX5”, la destreza en cálculo numérico es de toma pan y moja,  un verdadero  caos en el que, como siempre, el maltratado profesorado se ha convertido en  los verdugos de tan ignominiosas iniciativas y disposiciones de feria, sin más que decir, ojala fuera así, Amén y a otra cosa mariposa.

La búsqueda de la calidad, el objetivo de la excelencia y la cultura del esfuerzo han sido vilmente sacrificadas, en aras de la ley de los batutsis, que iguala por debajo de forma igualitaria a nuestros alumnos, convertidos sin quererlo, en rebaños aborregados de espíritus indolentes, indiferentes y ajenos a la esencia del real proceso de aprendizaje. Queridos lectores, no sin razón, pensarán que mis palabras son fruto de una disidencia que añora un pasado mejor. 

Tengo que aceptar, con sonrojo y enorme vergüenza, que no hay nada de exagerado en mis aseveraciones, fruto de una experiencia en el aula de más de treinta años de labor educativa. Y sí, de manera abierta y explíxita, confieso que me declaro disidente y negacionista de tan bella norma que, de forma imperativa, cercena la libertad de cátedra, profana el principio de autoridad del profesor y, sin ninguna sombra de dudas, condena de manera in misericorde a nuestra sociedad a un futuro con generaciones de personas insolventes, incompetentes y aborregadas.

Me niego a ser el pastor de tantos corderos condenados paciendo, alocada y libremente, en el campo de la ignorancia cuyo destino es el matadero.  Y es que, no me duelen prensas en así certificarlo, el futuro de nuestra sociedad está gravemente comprometido.

¿Han leído las brillantes disposiciones ministeriales a tener en cuenta en el presente curso escolar? Imagino que sí. Las familias están desconcertadas, los claustros de profesores desbordados y abrumados, los alumnos se muestran alucinados con la nueva culturilla imperante en la escuela. Se premia la ociosidad, la falta de ganas de aprender y conocer, se refuerza la ausencia de trabajo y se homenajea al díscolo que provoca disrupciones en el aula. Por el contrario ¿Qué motivación provoca en los que, de forma ordenada y laboriosa, quieren rendir más y mejor? La contestación a mis interrogaciones retóricas son –maldita sea- inmediatas, y profundamente lastimosas y pesimistas.

Se suspenden las recuperaciones, se promueve el aprobado general con todo tipo de fuegos de artificio, da igual suspender que aprobar en la ESO o, si como comprobamos, todos estarán en el mismo nivel en el curso siguiente. Los alumnos de bachillerato pasan de curso con dos áreas suspensas y aquellos que afronten las pruebas selectivas –cada vez menos selectivas- de la EVAU, podrán hacerlo con una materia no superada. Vamos que, a día de hoy, resulta más difícil suspender que obtener buenos resultados. Es sencillamente tremendo y preocupante. Un espanto y un horror hecho realidad.

Pero la pesadilla es todavía mayor para las familias que, de manera omnímoda y dictatorial, ven y padecen el triunfo de una ley ideológica, ciertamente sectaria, que les impide el legítimo derecho a ejercer su libertad de enseñanza, de escoger el centro en el que sus hijos deben formarse. ¿No me dirán que el asunto no tiene tintes dramáticos, con comedia incluida? Todo son propósitos encubiertos con eufemismos tan grandilocuentes como fatuos y huecos. Palabrería que pretende alcanzar reducir el fracaso escolar con más fracaso escolar. Solo importa la apariencia sin esencia, y un maquillaje, a modo de operación estética y anti ética, falsea a través de los datos y los registros,  un desastre de importante proyección de futuro.

Vivimos tiempos de tiniebla y oscuridad, no solo en los ámbitos educativos, también en otras esferas de la vida social. Más pronto que tarde se hará cierto ese dicho popular, muy acertado por cierto, que nos dice: “De aquellos lodos estos barrizales”, Horrible, pero cierto.

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