lunes 30/11/20

Así es la paradójica situación de Hungría ante el Covid-19 

La primera ola del coronavirus no se dejó sentir en Hungría tanto como en otros países y se achacó a las decisiones tomadas por el Gobierno

Con las fronteras cerradas desde septiembre y una prórroga a esta medida impuesta a comienzos de octubre, los casos de contagios no dejan de crecer en el país, que cada día marca un nuevo récord de fallecidos por COVID-19. 

La última cifra oficial actualizada, facilitada este miércoles, es de 48 muertos en las última 24 horas. Una cifra que supone un nuevo máximo desde que se declarase la pandemia en marzo. En cuanto al número de nuevos positivos, supera los 1.400. En total, Hungría acumula más de 50.000 contagiados y 1.259 muertos.

La situación en el país ha ido considerablemente a peor tras unos primeros meses en los que la curva estuvo más o menos controlada gracias a un confinamiento estricto y al declarado estado de urgencia. El pasado 1 de octubre, el ministro de Gobernación, Gergely Gulyás, compareció para anunciar que el cierre de fronteras para detener el avance del coronavirus se prolongaba un mes más. Un cierre que preocupa en Europa y que contiene salvedades.

Así, por ejemplo, puede entrarse al país si se va a trabajar o a acudir a un evento deportivo, cultura o religioso considerado importante. Eso permitió que el pasado 24 de septiembre seguidores del Bayern de Múnich y del Sevilla se desplazasen a Budapest para ver en directo la Supercopa de la UEFA. Entonces se argumentó que se trataba de un proyecto “piloto” para poner a prueba los protocolos en los estadios. Una decisión que fue muy criticada por el alcalde de la ciudad, Gergely Karácsony, quien manifestó de que contar con las herramientas legales para impedir que el partido se disputase con público lo habría hecho.

El aumento de casos ha hecho que surjan las crítica de los expertos contra Viktor Orbán por la relajación de medidas ya que, salvo porque las fronteras continúan cerradas, poco más se nota dentro del país en cuanto a prevención. Se ha denunciado el caos en los colegios y el hecho de que en verano se resistiesen a imponer el uso de mascarilla (que ahora es obligatoria en el transporte) y otras medidas que se están tomando en otros países como limitar el número de personas en reuniones.

Bela Merkely, de la Universidad de Budapest, explicaba en la prensa local en unas declaraciones recogidas por AFP que “tras el miedo inicial, la segunda ola no ha generado temor en la población, por lo que somos mucho menos disciplinados”. Porque la causa de que esta segunda ola esté afectando más que la primera no es solo por las decisiones gobernamentales o no, sino también por el comportamiento de la ciudadanía Solo en octubre han fallecido más personas que en los cuatro meses anteriores.

El primer ministro ultraderechista, Viktor Orbán, ha llegado a culpar a los extranjeros de esta segunda ola. Algo que no extraña si se tiene en cuenta que en marzo señaló a un estudiante iraní como el primer contagiado. Hace un mes, sobre la posibilidad de volver a retomar medidas más restrictivas como en marzo, declaró que “la gente quiere que Hungría siga funcionando, hay que preservar la economía y salvar vidas”.

El opositor Akos Hadhazy ha criticado, en declaraciones a AFP, tanto la postura del Ejecutivo como de la poblacíon ya que “los húngaros dejaron claro que no querían ni la mascarilla ni el confinamiento” y eso permite a Orbán “lavarse las manos”. Sobre todo cuando se ha dado cuenta de que “si la economía colapsa, le podría costar la próxima elección”.

Por su parte, el Gobierno defiende que el país está preparado para la segunda ola y que se han comprado 16.00 respiradores y propuesto a los médicos doblarles el sueldo.

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