domingo 08.12.2019
'Gobierno del cambio'

Portugal, el ejemplo a no seguir para no acabar en desastre

La fórmula portuguesa que Pedro Sánchez quiere imitar en España está deteriorando la economía del país vecino. Tras diez meses de Gobierno crece menos, la renta ha caído por primera vez en dos años, la reducción del paro se ha ralentizado y la inversión ha pasado en poco tiempo de crecer al 3,1% a despeñarse y restar un 0,3%

Pedro Sánchez y António Costa.
Pedro Sánchez y António Costa.

En el arte de sobrevivir en el que se desarrolla la vida política de Pedro Sánchez emerge una luz a la que agarrarse. A 630 kilómetros ya han sido otros políticos los que han probado a formar un Gobierno novedoso. Se trata de Portugal, país dónde la izquierda se unió para tumbar a los conservadores y crear un Gobierno ‘tripartito’. La fórmula, que ya visitó el socialista a primeros de enero, se está convirtiendo en un problema para la economía del país en menos de un año.

La llegada de Syriza a Grecia supuso que el crecimiento pasase de un avance positivo a encadenar dos años en negativo. En Portugal el ejemplo de Gobierno de izquierdas no es tan extremo pero los buenos datos económicos que presentaban se están reduciendo y de manera drástica. Ni el PIB, ni la renta, ni la evolución del desempleo o la confianza han mejorado bajo el mandato del nuevo Gobierno.

Tras apenas once días de dirección conservadora, las fuerzas de izquierda promovieron una moción que terminó con la salida de Pedro Passos Coelho. El Partido Socialista portugués llegó al Gobierno apoyado en los ecologistas del PEV junto con los comunistas del Bloco. El inédito acuerdo encumbró al secretario general de los socialistas, Antonio Costa, como primer ministro de Portugal con una premisa clara: Acabar con las políticas de austeridad.

Y de la unión de socialistas, marxistas-leninistas y ecologistas han salido medidas de todo tipo: se han restablecido condiciones salariales y laborales del sector público, han reducido la jornada laboral de los funcionarios a 35 horas semanales, han incrementado fuertemente el gasto social, han subido del Salario Mínimo un 5% -hasta los 618 euros-y, además, han subido las pensiones dos euros. La mayoría no todas.

Tras las muchas medidas aprobadas se han dado dos circunstancias de las que también han advertido a Sánchez: Por un lado, el incremento de gasto ha chocado con Bruselas, que tumbó su primer presupuesto. El nuevo Gobierno aceptó recortar 900 millones y subir los impuestos indirectos (decisión del Ejecutivo entre las diferentes alternativas que tenía) para obtener el visto bueno a la segunda. En segundo lugar, la economía se ha deteriorado de manera rápida.

Alertan por la estabilidad del país

Uno de los organismos más críticos con el Gobierno ha sido el independiente Consejo portugués de Finanzas Públicas (CFP). La directora del CFP, Teodora Cardoso, alertó de que “la estrategia presupuestaria del Gobierno no funciona”. Además, apuntó directamente a uno de los pilares para el Gobierno, el gasto público, del que dijo que “no podía ser el motor de crecimiento para Portugal”.

¿Y por qué la CFP fue tan dura con el Gobierno luso? Sencillamente, porque los datos empeoran con mucha velocidad. El organismo ha detectado un empeoramiento económico que ha rebajado las previsiones de crecimiento en tres meses del 1,7% al 1%. Cifra considerablemente inferior al 1,6% de 2015 y de las previsiones del Gobierno, que eran del 1,8%. Asimismo, la CFP alerta de mayores deterioros dentro de la economía lusa. En concreto, el organismo estima ahora que habrá una caída de la inversión del 0,3%, frente al crecimiento del 3,1% que preveía tres meses atrás.

Otro que ha alertado es el Fondo Monetario Internacional (FMI) que avisa de que el país podría entrar “en una espiral negativa”. El organismo explica al propio Gobierno que sin medidas creíbles podría entrar “en una trayectoria en el medio plazo insostenible que dejaría al país vulnerable”.

Los demás datos no acompañan

Tras diez meses de Gobierno, la evolución trimestral en los dos primeros trimestres de 2016 dista considerablemente de los guarismos de 2015. Mientras que el año pasado en ambos trimestres crecía un 0,5%, en 2016 en el primer trimestre ‘solo’ creció un 0,2% y en el segundo un 0,3%.

Algo similar ocurre con la renta. La evolución del PIB per capita en el segundo trimestre de 2016 se redujo una décima, la primera bajada desde el primer trimestre de 2014. En los trimestres anteriores, el PIB per capita llegó a crecer hasta un 1,3% en el primer trimestre de 2015 y un 1,2% en el tercero. También ha retrocedido en el ranking de competitividad, que mide la capacidad de un país para proveer a sus habitantes de un alto nivel de prosperidad.

Por último, pese a su mejora evidente, el empleo no mejora los resultados precedentes. La tasa de parados, medida por las oficinas de empleo portuguesas, se redujó un 9% entre diciembre y julio de 2015. Ligeramente inferior al 9,6% en que descendió en los mismos meses de 2015. El efecto se repite si se mide por datos EPA, la reducción en 2016 es del 11% frente al 11,2% de 2015.

Ademas, otro elemento que delata que la economía del país en 2016 ha empeorado son las ventas minoristas. El índice que mide la verdadera evolución del consumo al nivel más micro de la economía acumula un descenso en lo que va de año del 9,4%.

Rescate bancario

Al igual que ocurrió en España, el auxilio estatal a la banca lo inició José Luis Rodríguez Zapatero, o ahora en Italia una coalición de izquierdas, no libra a los ciudadanos de tener que asumir un rescate bancario. El Gobierno portugués se ha enfrentado a dos rescates en apenas un año.

El primero fue a finales de año y produjo el primer cisma en el acuerdo. El Gobierno socialista presentó unos presupuestos en los que tuvo que encajar cerca de 2.000 millones para rescatar a Banif. La propuesta tuvo que salir adelante con el apoyo del partido conservador ante el voto en contra de los comunistas del Bloco.

El segundo todavía no se ha producido pero ya está en ciernes. Bruselas dio luz verde al Gobierno luso para el rescate del banco más grande del país, Caixa Geral de Depositos. Se trata de 4.600 millones que no contarán como deficit pero saldrán de las arcas públicas. Ambos rescates, ordenados por el Gobierno socialista, costarán a cada familia portuguesa casi 3.000 euros.

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