viernes 28.02.2020
SOLO REUNIONES PROTOCOLARIAS

Soraya, contra el flamante Consejo de Seguridad Nacional

Los expertos no entienden que el Consejo de Seguridad Nacional no se reuniera ni actuara en la reciente crisis del ébola. No estuvo en esa crisis, ni se activó. La todopoderosa vicepresidenta es poco amiga del Consejo. Y también de alguno de sus miembros

Reunión del Consejo de Seguridad Naiconal en La Zarzuela.| Casa de SM el Rey
Reunión del Consejo de Seguridad Naiconal en La Zarzuela.| Casa de SM el Rey

Quizás no sea tan fastuoso como lo que se ve en las películas de los presidentes americanos, pero España dispone de los elementos básicos para afrontar una crisis desde la Presidencia del Gobierno. Sala de situación en un búnker, personal especializado, terminaciones de información integradas en pantallas y, desde el año pasado, el órgano: el Consejo de Seguridad Nacional. Desde ese momento, la mayor crisis que ha afrontado España ha sido la del ébola, en la que no se vio, aunque sí se esperó al Consejo de Seguridad Nacional.

En el reparto de poderes y atribuciones monclovitas hay dos personas clave, muy cercanas a Mariano Rajoy. Obviamente son Soraya Sáenz de Santamaría (SSS) y Jorge Moragas, jefe de Gabinete del presidente. Moragas, diplomático de carrera, es quien asumió el control de un nuevo órgano que emanaba de la Estrategia de Seguridad Nacional. El Consejo debe tripular la estrategia y las crisis que tenga que capear el país. Soraya se quedaba con la parte del león, el CNI, que domina de manera absoluta.

Cuando se decidió traer al primer misionero agonizante de ébola, hubo que coordinar varios ministerios. Sin duda –como se ha demostrado en la piel de Teresa Romero– se trataba de un asunto de seguridad nacional, dada la capacidad de transmisión, falta de cura, alarma social y las medidas de seguridad que requiere tratar con el virus africano. Sin embargo, varios ministerios trabajaron cada uno por su lado para traer a Pajares, cada cual con sus medidas de seguridad y profilaxis propias. Es decir, no coordinadas. Por ejemplo Defensa siguió un protocolo de cuarentena con el personal que estuvo en contacto con el enfermo diferente al de Sanidad.

Cuando la auxiliar de enfermería Teresa Romero disparó las alarmas al conocerse su contagio por ébola, era obvio que se trataba de un trabajo para el Departamento de Seguridad Nacional, que dirige Alfonso de Senillosa, gran amigo y colaborador de Jorge Moragas. No solo estaba el riesgo incipiente de una pandemia, sino que había que coordinar desde Sanidad al Ministerio de Interior, Exteriores e incluso Fomento (medidas de control, en aeropuertos, por ejemplo). Tras días de alarma y falta clamorosa de dirección en la situación, a cargo de la ministra Ana Mato, fue Soraya Sáenz de Santamaría quien tomó las riendas de una nueva comisión más, entre la decena larga que tiene a su cargo.

El Consejo es un hijo de la Estrategia Nacional de Seguridad de 2013, cuyo texto incluye que “se han convertido en riesgos relevantes para España”, entre otros, “la expansión a gran escala de determinadas enfermedades y pandemias –favorecida por el desplazamiento masivo de población-“. Dice la Estrategia que “además de las enfermedades ya conocidas, han surgido otras nuevas, como el síndrome respiratorio agudo severo, o resurgen algunas que creíamos erradicadas como la tuberculosis”. Se cita también la fiebre aftosa, la peste porcina, no el ébola, pero sí que pone el foco en riesgos biológicos y enfermedades. Sin consecuencias operativas.

La Estrategia Nacional de Seguridad dice que “se han convertido en riesgos relevantes para España”, entre otros, “la expansión a gran escala de determinadas enfermedades y pandemias

El Consejo de Seguridad Nacional se ha reunido más bien poco, en salas enfoscadas y ornamentadas de Zarzuela o Moncloa, no en las de conducción de crisis (en Madrid hay varias a disposición en dependencias militares, de Interior, Presidencia o CNI), y de manera protocolaria. De la misma manera escueta y protocolaria se ha informado al Congreso, en la persona de Moragas.

Ni la presión migratoria sobre Ceuta y Melilla ni el Estado Islámico en Irak o sus combatientes de regreso a España ni el ébola acumulan para el Gobierno razones suficientes para convocar el Consejo de Seguridad Nacional, donde acuden el propio Rey, ministros y altísimos cargos; pero tampoco el más ágil y reducido comité de crisis, que puede responder rápidamente y lo forman segundos niveles más técnicos. No se conoce reunión de este último.

El objetivo de la Estrategia de Seguridad Nacional de 2013, del Consejo y hasta del primer informe de actuaciones presentado este mes de julio era “superar compartimentos estancos”. Prueba no superada.

El mejor ejemplo de las dificultades de integrar una política de seguridad es que el Gobierno ha incumplido su propio compromiso de elaborar un proyecto de Ley Orgánica de Seguridad Nacional, del que debiera tener un borrador a principios de 2014 y ya no se considera una prioridad política.

Además de la conocida alergia de Rajoy a los asuntos relacionados con Seguridad y Defensa, fuentes de Moncloa subrayan la mala relación personal entre la vicepresidenta y elementos fundamentales del Departamento de Seguridad Nacional. Sáenz de Santamaría, al parecer, se siente más a gusto con su interminable lista de comisiones que con la existencia de un órgano que no está bajo su manto, que suena más a película. Y en pura tramoya, sin operatividad, parece que se va a quedar, de momento. Senillosa, reputado experto en comunicación y márketing, deja inédita su capacidad en la conducción de crisis.

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