miércoles 28/7/21

Los Cottolengos: ocho décadas el servicio de enfermos pobres e incurables

Loli Benlloch ,Valencia, 24 nov (EFE).- Surgieron en España hace más de ocho décadas para atender a enfermos pobres e incurables gracias al sacerdote jesuita Jacinto Alegre, quien se inspiró en la labor que el italiano José Benito Cottolengo llevó a cabo en Turín: son los Cottolengos y cuentan con nueve casas, tres en el extranjero.,En 1932 se fundó en Barcelona el primer Cottolengo del Padre Alegre, al que siguieron los de Valencia, Santiago de Compostela (A Coruña), Sant Vicent del Raspeig (Al

Loli Benlloch

Valencia, 24 nov (EFE).- Surgieron en España hace más de ocho décadas para atender a enfermos pobres e incurables gracias al sacerdote jesuita Jacinto Alegre, quien se inspiró en la labor que el italiano José Benito Cottolengo llevó a cabo en Turín: son los Cottolengos y cuentan con nueve casas, tres en el extranjero.

En 1932 se fundó en Barcelona el primer Cottolengo del Padre Alegre, al que siguieron los de Valencia, Santiago de Compostela (A Coruña), Sant Vicent del Raspeig (Alicante), Madrid, Las Hurdes (Cáceres), Buenaventura (Colombia), Lisboa (Portugal) y Popayán (Colombia), que atienden a los más necesitados sin pedir subvenciones ni ayudas.

"El Cottolengo es una gran familia" donde se intenta que todos "se sientan bien acogidos", explica a EFE la hermana Eva María Delgado, directora de la casa de Valencia, de la que este año se cumplen 75 años de su implantación en la ciudad y acaba de recibir la Medalla de oro del Ayuntamiento.

Agradece el galardón sobre todo por la "alegría" que ha supuesto para los voluntarios y porque implica que se conozca la labor de una institución que en su vida ha sido "fundamental", aunque destaca que las religiosas que gestionan los Cottolengos, la congregación de Hermanas Servidoras de Jesús, lo hacen "por amor a Jesucristo".

Desarrollan su día a día bajo premisas como el amor a los pobres "de obras, no de palabras" o no pedir nada a nadie, aunque asegura que es tanto lo que reciben que normalmente tienen para sus necesidades y también para compartir con otras congregaciones o con movimientos no religiosos que se dedican a cuidar a personas.

El Cottolengo de Valencia tiene actualmente 65 internas -entre ellas una niña de 8 años y varias mujeres que llevan medio siglo aquí-, a las que atienden una treintena de trabajadores, como fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales o auxiliares, y siete religiosas.

La superiora reivindica además la labor del voluntariado, pues asegura que hay gente que quiere colaborar "sea como sea", desde sentarse un rato a hablar con las enfermas a, si no le gusta tratar con ellas, estar en la cocina, en el costurero, cubrir horas durante una hospitalización o preparar una excursión.

"Hay gente que viene desde hace treinta años como voluntaria, nos quieren mucho", asegura Delgado, quien explica que acuden tanto jóvenes como personas mayores, y también reciben visitas de colegios para conocerles e, incluso, colaboraciones puntuales de empresas, pero "sin ningún compromiso".

La superiora, que es también la enfermera del centro, explica que se organizan como en una gran familia, de forma que las enfermas que pueden hacerlo "doblan servilletas, van un ratito al lavadero o tienden ropa", ya que "esto no es un hotel ni una residencia de lujo: se les da lo básico que podemos y las queremos".

Admite que, de seguir haciendo Cottolengos, no serían en España sino en el extranjero, pues "la necesidad" es más acuciante fuera "ahora mismo" y la sociedad actual no es la que había cuando se fundaron, aunque reivindica funciones que cumplen, como atender aquí a enfermos desahuciados y no en la frialdad de un hospital.

La superiora, que entró hace dieciséis años en la congregación y ha pasado por varios Cottolengos antes de llegar, en 2015, al de Valencia, asegura que lo que más le cautivó fue ver la capacidad de vivir felices "y al mismo tiempo poder hacer también felices a otros con cosas sencillas, de hacer de lo ordinario lo extraordinario".EFE

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