viernes 26/2/21
Carta del Presidente

Filomena, la mediocracia y un sándwich mixto

carta del presidente

Recientemente, el pensador Alain Deneault, conocido por su foco en las tramas de evasión y paraísos fiscales, ha alertado del creciente reinado, en la esfera pública, de personas de calidad media, de poco mérito, tirando a malas… acuñando con éxito la expresión ‘mediocracia’ o gobierno de los mediocres.

No es la visión aislada y fulgurante de un filósofo en un momento de iluminación. En las sociedades desarrolladas, y desde luego en España, ha cristalizado la idea de que los ciudadanos somos gobernados por gente ramplona y corriente, que carece de brillo, adocenada, del montón. El problema no es que esa gente esté en la media (ni arriba ni abajo) sino que controle el poder sin fundamento ni criterio, ocupando más bien el furgón intelectual de cola. Y así, no es que vaya de tropiezo en tropiezo, sino que sus caídas (las de la casta), con sus correspondientes lesiones, las traslada a la sufrida población, que queda inerme y magullada.

El paso de Filomena por España, aderezado por la caótica gestión de la crisis del coronavirus, ha sido un aldabonazo doloroso que nos ha recordado qué trance histórico atravesamos: el de una clase dominante de una incapacidad expansiva y que, blindada en su incompetencia, ha expulsado del terreno a los mejores, concentrados exclusivamente en el sector privado, recogiendo éstos muchas nueces… mientras hacen poco ruido.

El Estado postmoderno y su funcionamiento, dado el liderazgo de profesionales de andar por casa, se ha resumido al otro lado de los Pirineos con bastante acierto, con la metáfora del sándwich mixto: a nadie le parece un plato despreciable pero nadie lo elegiría para la última cena.

La política, en efecto, se ha poblado definitivamente en aluvión (naturalmente, con las muy honrosas y destacadas excepciones, que las hay) de quienes están alejados de ser demasiado brillantes y alejados también de ser… ¿excesivamente malos?

Los estándares de calidad han caído dramáticamente y los ciudadanos comienzan a albergar la idea sólida de que sufren (¿inmerecidamente?) una suerte de invasión de gestores ineptos, una maldición bíblica a las puertas ya de 2021: “los mediocres se aseguran de devolverse los favores e irán cimentando el poder de un clan que irá atrayendo a sus semejantes… la mediocridad en nuestro tiempo ya no es deplorada sino promovida; se ha convertido en un sistema”, se ha llegado a profetizar.

En efecto, basta un paseo por el resumen diario de acciones e intervenciones de muchos de quienes hoy ocupan asiento de diputado o han arribado a lo alto de los ministerios para certificar que el pensamiento crítico y la reflexión a largo plazo han sido arrumbados y sustituidos por palabras vacías. La inteligencia ha sido suplantada, en el mejor de los casos, por la astucia; y ésta, a su vez, entendida en el peor sentido: de pura pillería.

Más que nunca, a medida que pasen los días y las semanas, los meses y aun los años, y dada la degradación de lo público, a los españoles nos va a quedar pendiente una revolución de verdad, profunda y duradera. Se hará precedida de una movilización en Parler o de una plataforma digital aún por crear o popularizar; en las plazas y las calles.

O se derrota la maligna inconsistencia de nuestras resquebrajadas elites o seremos víctimas de ellas, como el ciudadano al que, en el deshielo de Filomena, le cae un gran bloque de nieve, para aplastarlo y sepultarlo, desde los tejados.

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