domingo 28/11/21

¿Está ahuyentando la presión de Hacienda, en ocasiones adquiriendo forma de persecución, a las estrellas del fútbol español? ¿Está lastrando la elevada fiscalidad a los clubes de La Liga y haciéndoles menos o mucho menos competitivos en Europa? ¿Por qué hay cada día más y más dificultades para atraer y retener a los grandes jugadores: los que despiertan pasiones y llenan estadios, los que hacen al aficionado pegarse a la pantalla de la tele?

            Portugal ha diseñado una suerte de ‘gancho fiscal’ para repatriar a sus números uno del balompié. Cuando cracks de la talla de Mbappé o Haaland ponen en una tabla el dineral que ganarían en Inglaterra o Italia respecto de lo que ingresarían en España los próximos años, por el gravamen de Hacienda, simplemente no hay color. ¿Vamos por el buen camino?

            En 2004, Aznar puso en marcha la que se conoció como 'ley Beckham', medida fiscal que tenía como objetivo atraer talento altamente cualificado a nuestro país, sin excepción en ningún sector. De este modo, todos los impatriados que vinieran a trabajar a empresas españolas y tuvieran sueldos sumamente elevados pagarían solo el 24% de impuestos en lugar del 45%, que entonces estaba establecido como tipo marginal máximo de IRPF a nivel estatal. También los deportistas se veían beneficiados por esta decisión de aquel gobierno del PP, y fue precisamente David Beckham, fichado por el Real Madrid en verano de 2004, el primero que se acogió a ella.

            Hoy, no sólo no atraemos ese talento para quienes no han nacido entre los Pirineos y Tarifa sino que lo expulsamos. Los denominados ‘youtubers andorranos’ han sido expeditivos en sus argumentos. No se van de España porque no quieran pagar la Educación o la Sanidad o las Infraestructuras o la Justicia o la Seguridad, no. No se van porque no quieren contribuir con sus impuestos al sostenimiento del Estado del bienestar.

            Muy por el contrario, esos ‘youtubers andorranos’ se van hartos hasta la coronilla de estar entregando una parte inmensa de los euros que obtienen con su trabajo a pagar a falsas asesoras que ejercen de niñeras, o a políticos que en su vida han hecho una declaración de IRPF o que no valdrían para regentar un kiosco, y que por el contrario son una verdadera losa no sólo para el Estado del bienestar (al provocar que se dilapiden sus recursos) sino para la propia sociedad a la que castigan y empobrecen sin medida. ¿Estamos dispuestos, como colectivo, a iniciar una reflexión seria, crítica y, si es menester, durísima en este sentido? Más nos valdría: nos la estamos jugando como país.

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