jueves 02.07.2020
BLOG EL MANANTIAL

Alfonso Merlos y la ventana indiscreta

Alfonso Merlos y la ventana indiscreta

No es la primera vez que Hitchcock me inspira una columna durante este confinamiento selectivo, ni será la última. El realizador británico, luego estadounidense, supo reflejar con maestría las emociones, los miedos, la angustia, y la sospecha. Estos días estamos disfrutando de su filmografía en televisión con grandes obras como Rebeca, Cortina rasgada, o Vértigo, entre otras.

La Ventana indiscreta, protagonizada por dos monstruos del celuloide como Grace Kelly y James Stewart, tenía como titulo original Rear Window, que significa literalmente, ventana trasera. Narra como una simple ventana al patio de vecindad, junto con las sospechas del protagonista, sirven de hilo conductor para descubrir un asesinato conyugal –hoy diríamos machista.

En la película, James Stewart, fotógrafo profesional, debe permanecer convaleciente en su casa para recuperarse de la fractura de una pierna. No es difícil hacer un paralelismo con la crónica del mundo estas últimas semanas. Hay parroquianos, confinados en sus casas, que se asoman a su ventana, al balcón, a la pantalla de televisión, o al móvil, con la curiosidad de descubrir algo nuevo que sacuda sus vidas rutinarias. La policía del visillo no tardó en aparecer en el estado de alarma, para señalar públicamente a quien no respetaba el encierro, y salía a la calle sin perro, y desde hoy, sin niños –propios o ajenos-.

Conozco al murciano Alfonso Merlos desde hace años, y es un periodista audaz, que no varía de rumbo según el viento que sople. Comunicador nato, es licenciado en periodismo y doctor en derecho. Ha hecho de la tertulia política su hábitat natural y eso, querido Alfonso, te pasa factura. España entera se ha hecho eco de su love affaire que, a falta de futbol, ha entretenido a algunos medios este fin de semana.

Ni los más de 30.000 muertos por el virus, ni el Gran Hermano desvelado por el general Santiago, ni el mensaje a los niños de la princesa Leonor, han podido competir con el triangulo amoroso de Merlos. Mal fin de semana ha elegido la ministra del paro para desvelar que, lo que de verdad le molesta a la derecha es que ella misma hace la compra en el supermercado.

Descubrir por nuestra ventana indiscreta que Merlos vive con una periodista, que no es la novia que todo el mundo creía, es considerado un escandalo monumental que justifica el ataque furibundo a su intimidad. El teletrabajo y el encierro casero están generando situaciones incómodas o esperpénticas. Hasta nuestro Nadal fue criticado por cómo sostenía la batidora en su casa; y ayer el modelo Jon Kortajarena era trending topic por no saber hacer una tortilla.

Merlos tiene derecho a su intimidad, y todos debemos respetarla. Un lapsus televisivo, como diría Marlaska –que grande- no puede abrir la veda a la crítica personal dañina, a la investigación periodística acerca de sus relaciones sentimentales, porque Merlos nunca ha vivido de ellas, no ha vendido exclusivas, y porque tiene el derecho a vivir con quien le plazca sin tener que ofrecer explicaciones más allá de su entorno inmediato. Salvo que los protagonistas decidan hacer del lapsus una excusa para pasear por los platós.

Hace poco la ventana indiscreta nos ofrecía otro bochornoso espectáculo con el vicepresidente Iglesias, al indagar sobre las causas de su falta de cuarentena, que también alcanzó cotas de debate nacional. Dominique me recuerda las palabras del eterno aspirante al Nobel, Murakami, “cuando salgas de la tormenta ya no serás la misma persona que había entrado en ella. En eso consiste la tormenta”. Ánimo Alfonso, que esta es una tormenta en un vaso de agua.

Dominique F.

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