EXPULSADO DE LAS FFAA

“Haré huelga de hambre en la puerta del Ministerio de Defensa hasta que cumplan la sentencia”

Andrés Merino ha comenzado su tercera protesta en la puerta del Ministerio de Defensa para exigir que cumpla una sentencia que le reconoce el derecho a una pensión. Fue expulsado del Ejército tras dos accidentes -en Afganistán y Almería-, dos operaciones de columna y seis hernias de disco

Andrés Merino ha comenzado este martes una huelga de hambre frente al Ministerio de Defensa, en el Paseo de la Castellana.
Andrés Merino ha comenzado este martes una huelga de hambre frente al Ministerio de Defensa, en el Paseo de la Castellana.
“Haré huelga de hambre en la puerta del Ministerio de Defensa hasta que cumplan la sentencia”

Es la tercera vez que Andrés Merino se planta ante el Ministerio de Defensa por su expulsión de las Fuerzas Armadas tras sufrir dos accidentes en acto de servicio. La diferencia, explica, es que esta vez tiene una sentencia firme que obliga al Ministerio a pagarle una pensión y los salarios desde que fue expulsado del Ejército de Tierra. “Pero han pasado seis meses de la publicación de esa sentencia y aquí nadie mueve un dedo”, cuenta, indignado, a Estrella Digital.

Ha iniciado una huelga de hambre para ver “a alguien se le remueva la conciencia” y cumplen una sentencia del 18 de mayo, para la que se han enviado ya dos ejecuciones forzosas. “Es una sentencia firme”, repite. “Me voy a quedar aquí, a las puertas del Ministerio de Defensa los días que aguante sin comer; después que el Ministerio explique por qué hemos llegado a esta situación”, dice con contundencia el paracaidista.

Merino reclama el cumplimiento de la sentencia en una situación personal límite tras su salida de las Fuerzas Armadas, cuando se quedó sin pensión ni ningún tipo de compensación. “Hay días que hago una comida al día para que puedan comer mis hijos. He perdido mi casa de Murcia porque no he podido hacer frente a la hipoteca, tuve que malvender mi coche e irme a vivir a Burgos con mis abuelos”, cuenta indignado.

Andrés merino con Iván Ramos

El soldado recibe el apoyo de la asociación ATME y de otros militares en situación similar, como Iván Ramos. 

Ahora, viven con ellos su mujer, cuatro de sus seis hijos y él, “todos con una pensión de mis abuelos de 700 euros y la ayuda de 400 euros que recibo”, explica con indignación. “Así que no me digan más que saben por lo que estoy pasando. No tienen ni idea”, dice, en referencia a los intentos de disuardirle que le han hecho en varias ocasiones desde el Ministerio.

Dos accidentes, dos operaciones

Todo empezó con un accidente en 2004, en Afganistán. Andrés Merino era uno de los paracaidistas que formaba parte del contingente que la III Bandera de la Brigada Paracaidista (Javalí, Murcia) tenía desplegado en esa misión. A pocos días de regresar a España, se cayó de un camión, lo que le provocó daños en la columna.

Al volver de Afganistán, un tribunal médico le dio la clasificación de apto con limitaciones coeficiente 3. “Debería haberme ido a un puesto administrativo, a una unidad más tranquila, es lo que marca la ley. Pero no fue así”, recuerda. Posteriormente, fue destinado a la Legión, a Viator, Almería, donde siguió realizando maniobras militares.

Cuando llevaba dos meses en Almería, sufrío un nuevo accidente. Se cayó por unas escaleras, lo que le repercutió en las lesiones que tenía por el anterior accidente. “Tuvo que ser operado de nuevo. Y la operación no salió bien”, explica Merino. En total, tiene diagnosticadas seis hernias de disco, tiene implantados seis tornillos de titanio en la columna y tiene que ir permanentemente acompañado de muletas.

En 2013, el Ministerio rescindió su contrato de larga duración (que habría terminado en 2022) por  “insuficiencia de condiciones psicofísicas, ajena a acto de servicio”, lo que suponía quedarse sin trabajo y sin pensión. Tras ello, Merino comenzó una batalla judicial e hizo pública su historia.

Presentó recursos a resolución que le dejaba fuera de las Fuerzas Armadas, que fueron rechazadas. Fue también entonces cuando hizo su primera marcha al Ministerio de Defensa. “Tardé 19 días, venía con muletas porque hacía poco que me habían operado. Volví a venir a protestar en 2014. En ambas ocasiones me engañaron”, explica. En ambas ocasiones, le dijeron que se llegaría pronto a una solución. “La primera vez, un coronel, que me dijo que por su conciencia y honor esto en menos de una semana estaba arreglado. En 2014, me lo prometió la secretaria de la subsecretaria de Defensa. Pero… aquí estamos otra vez. Y haré la huelga de hambre hasta que cumplan la sentencia”.

Ha sido el Tribunal Superior de Justicia de la Región de Murcia quien finalmente le ha dado la razón. La sentencia anula la resolución de 2013, declara que sus lesiones fueron “adquiridas con posterioridad a su ingreso en las Fuerzas Armadas” y le dio derecho a percibir una pensión.

Cuando anunció en las redes sociales que emprendería una nueva protesta, desde Defensa contactaron con él. “Me llamó un coronel para decirme que no me preocupara, que están trabajando en mi caso pero que todo iba muy lento porque la sentencia no estaba clara y han pedido una aclaración al juzgado. Pero la sentencia es firme y muy clara. ¿Qué pasa, se están riendo de mí?”, exhorta, con indignación, el militar.

Por el momento, no tiene noticias de si alguien le recibirá en Defensa, aunque confía en que los cambios en el Ministerio le puedan ayudar. Mientras, recibe el apoyo de la Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME) y otros militares heridos en similar situación, como Iván Ramos.