lunes 16.12.2019

Un respiro a Grecia, por favor

Que el dinero no tiene patria, ni bandera, ni sentimientos, lo sabemos todos, también Alexis Tsipras. Antes incluso de que los griegos depositaran su voto en las urnas ya debía imaginar la que se le venía encima, de ahí que no le haya cogido por sorpresa el alboroto que se ha montado una vez que se tuvo la certeza de que Syriza era el partido ganador de las elecciones griegas. Una respuesta exagerada de los lideres políticos europeos, motivada seguramente por el miedo a lo desconocido, a que no sean los mercados, el FMI, Merkel, o la propia Unión Europea quiénes le marquen el camino de sus reformas, que por lo que hemos podido ver en estos días van más encaminadas a aliviar los gravísimos problemas que aquejan a los griegos que a doblar el espinazo ante los poderosos del dinero. Aunque me temo, que tarde o temprano, tendrá que hacerlo como lo han hecho todos los demás si quiere seguir recibiendo el dinero que necesita para que no se colapse el país, para pagar la Sanidad, la Educación, las ayudas a los más necesitados, sobre todo si tenemos en cuenta que las arcas de la administraciones públicas griegas están vacías, algo de lo que ya se ocupó su antecesor.

Es pronto todavía para saber cómo va a manejar el primer ministro griego la dificilísima situación económica y social que le ha dejado su antecesor. Es pronto para saber cuáles van a ser las líneas maestras de su programa de Gobierno de cara a los próximos cien días, de ahí que a muchos nos parezca exagerada esa salida en tromba de todo aquel que tiene algo que decir en política o en economía, y cuya una aspiración por lo que parece es cortar de raíz cualquier atisbo de esperanza de que las cosas les pueden ir mejor a los griegos, con políticas diferentes a las que marca la Troika. Sin que eso suponga dejar de pagar la deuda o salir del euro, pero de una manera más racional, más a largo plazo, con el fin de que no mueran de inanición, sumidos como están en la mayor de las pobrezas, ya que por vender les han vendido edificios de gran valor arquitectónico a gentes sin escrúpulos por políticos cuyo único afán es recaudar dinero al precio que sea, siempre y cuando lo que venden sea público y no privado claro está. Al más puro estilo Botella, que con nocturnidad y alevosía ha sido capaz de vender a unos fondos buitres viviendas que fueron construidas con nuestro dinero, no para hacer negocio, sino para que pudieran vivir los más necesitados. Esos ciudadanos que han perdido sus trabajos, que malviven con lo mínimo, y de las que los grandes organismos internacionales no se acuerdan, simplemente porque son invisibles, por más que esta situación no la hayan ocasionado ni los griegos, ni los españoles ni los italianos, y si quienes deciden donde y cómo mover el dinero.

Todo estamos de acuerdo en que no se podía seguir viviendo como hemos vivido antes de que llegara la crisis o estallara la burbuja inmobiliaria, todos sin excepción. Otra cosa es cómo se han llevado a cabo esos recortes, las subidas exageradas de impuestos, que en Grecia han finiquitado a la clase media que era sobre la que recaía el peso de la economía. De ahí la necesidad de que a Tsipras le den un respiro, le permitan llevar a cabo otro tipo de medidas, tal y como han hecho en Estados Unidos que tan buenos frutos están dando.

Un respiro a Grecia, por favor
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