domingo 08.12.2019

Rodrigo Rato, en el escaparate político

Que el Gobierno, el PSOE y los medios de comunicación socialistas se aprovechen del 'caso Gürtel' para dañar las expectativas electorales del PP y devaluar el liderazgo de Rajoy es algo que entra en la lógica de las luchas de poder, máxime cuando todos ellos saben que el PSOE y el prestigio de Zapatero cotizan a la baja en las encuestas electorales por culpa de la crisis económica.

Pero, siendo esto así, llama mucho más la atención que sean dirigentes del PP y medios de comunicación oficialmente adscritos a la derecha los que, en connivencia, planificada o a su pesar, con el plan anti-Rajoy de Moncloa están colaborando de manera decisiva en la estrategia de utilizar el 'caso Gürtel' para abrir fisuras en la dirección del PP, al tiempo que han lanzado toda una campaña contra el liderazgo de Rajoy, a quien llaman perdedor y tachan de incapaz de tomar decisiones o ejercer la autoridad que le corresponde. No es la primera vez que el club de los conspiradores internos del PP intenta el asalto al poder del partido, porque llevan en ello desde que Rajoy perdió las elecciones del 2004, y aumentaron la presión desde la segunda derrota en el 2008, tras la que hicieron un amago de golpe al poder del PP, primero con Esperanza Aguirre y luego con Juan Costa, pero finalmente desistieron ante el cierre de filas con Rajoy que lideraron Javier Arenas y Francisco Camps.

Pero cuando los conspiradores internos del PP parecían resignarse y batirse en retirada tras el congreso del PP de Valencia, la victoria de los populares en las elecciones europeas y el ascenso en la encuestas electorales del PP por encima del PSOE, el 'caso Gürtel' se ha convertido en su última oportunidad para derrocar a Rajoy en connivencia buscada con los ataques del Gobierno y del aparato de propaganda del PSOE.

Así, los eternos conspiradores del PP -que tienen su base de operaciones políticas y mediáticas en el diario El Mundo y la Comunidad de Madrid, y sus puntos de apoyo estratégico en la teoría fallida de la conspiración del 11-M, en la Fundación FAES de Aznar y en la Conferencia Episcopal que lidera Rouco- han decidido poner en pista a Rodrigo Rato para sustituir a Rajoy. Jaleando el nombre del ex vicepresidente económico del Gobierno de Aznar, quien, desde una supuesta imparcialidad ajena a la política, se deja querer y empieza a jugar con la tentación de su regreso al liderazgo del PP, bien lanzándose a por todas contra Rajoy, bien escalando posiciones, por ejemplo, a través de la presidencia de Caja Madrid, el cuarto banco de España, convertido así en pieza maestra de las luchas intestinas del PP.

Un destacado sitial financiero que, en buena lógica política y profesional, debería ocupar Manuel Pizarro, y que, como se ha escrito, tanto Aguirre como Rajoy podrían ofrecer a Rato pero no como trampolín sino más bien como aparcamiento de su ambición política, una vez que la madrileña sigue empeñada en hacerse con el liderazgo del partido (a pesar de estar ella más afectada que Camps en los líos de 'Gürtel'), de ahí su empeño en promover o financiar los medios ultraconservadores que son punta de lanza del furioso ataque contra Rajoy, desde hace varios años y ahora con notoria intensidad.

Naturalmente, nada de esto sería hoy posible si no fuera por la dejadez y la falta de autoridad de Rajoy, que no puso firme a Aguirre cuando debió, y se aprovechó de las invectivas campañas de la vicepresidenta para devaluar y alejar de la dirección del PP al alcalde Gallardón, como ocurrió cuando Aguirre chantajeó a Rajoy a propósito de la lista al Congreso por Madrid en las elecciones del 2008, exigiendo la ausencia de Gallardón, bajo amenaza de incluirse ella también en la lista a través del PP de Madrid que controla, donde hace años que Rajoy debió crear una gestora. No en vano su actual secretario general, Granados, tiene más motivos para ser expulsado del cargo que Ricardo Costa, tanto por el 'caso Gürtel' como por los espionajes a sus compañeros del PP.

Naturalmente, las campañas contra Rajoy que emanan de los medios afines a la derecha española causan al líder del PP más daño que los ataques que le lanzan desde el Gobierno y los medios del PSOE. Y esperando están los conspiradores internos del PP a que se produzca un vuelco en las encuestas o una sonada derrota del PP en las elecciones catalanas -donde Nebrera ha puesto en marcha una escisión-, para lanzar el asalto final contra Rajoy con la pancarta de Rato como enseña, siempre y cuando esta operación reciba las bendiciones de José María Aznar, que el sábado reapareció en Madrid con motivo de la manifestación contra la ley del aborto.

En cuanto a Rato, político al que le adorna la experiencia y la capacidad para hacer frente desde el Gobierno a una crisis económica, todo apunta a que tiene ganas de volver, aunque sólo sea a Caja Madrid y a pesar de su cómoda situación personal con la pensión que le dejó su irresponsable salida del FMI y las asesorías de varios bancos. Sin embargo convendría saber si han "prescrito" los motivos por los que Aznar no lo quiso nombrar su sucesor al frente del PP. Motivos que podrían tener su anclaje en los problemas económicos familiares de los Rato de los pasados años y en los sorprendentes "atajos" que utilizó el que entonces era el vicepresidente económico del Gobierno para solucionarlos. Un techo acristalado que, dicen, aprovechó el desaparecido Jesús Polanco para conseguir la fusión de las plataformas digitales, a pesar de la enorme repugnancia que semejante pacto le produjo a Aznar.

Es verdad que Rajoy es experto en flotar en aguas turbulentas, pero aunque domina el aparato del partido y frente a los conspiradores internos presume de no aceptar presiones de nadie, dentro del PP cada día que pasa es mayor su soledad.

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