viernes 3/12/21

A tientas frente a la crisis

No es fácil calcular el coste presupuestario de extender la nueva prestación por desempleo a quienes dejaron de percibir subsidio desde el 1 de enero del año en curso, pero sea cual sea añadirá unos cuantos miles de millones de euros al gasto y, por tanto, al déficit y las necesidades de financiarlo con nuevas emisiones de deuda a colocar en los mercados.

Tampoco es sencillo discutir la conveniencia de subsidiar con 420 euros mensuales a quienes se encuentran ahora mismo privados de cualquier otro ingreso y sin expectativas de colocación. Incluso podría objetarse que se excluya de los potenciales beneficiarios a quienes padecen esa situación desde antes de la fecha ahora corregida. Algunos cálculos sitúan en torno al millón el número de hogares cuyos integrantes no perciben ningún tipo de ingreso.

Hay que decir, en todo caso, que no se trata de una figura completamente nueva: varias comunidades autónomas, en realidad la mayoría, ya tenían fijada alguna clase de ayuda más o menos similar, cuyo encaje con la ahora emergida está lejos de quedar clara, a modo de síntoma añadido de precipitación.

Sin perjuicio de otras, no queda más remedio que reconocer la pertinencia de al menos dos objeciones de fondo a la medida aprobada por el Gobierno en pleno mes de agosto y ahora en puertas de rectificar. De una parte, que como tantas otras no vaya acompañada de una reducción de otras partidas de gasto para financiarla. De otra, la incoherencia entre la importancia que el propio Ejecutivo atribuye a sus políticas de protección social y la improvisación con que las alumbra. El simple hecho de tener que revisar lo decidido a mitad de agosto en los primeros días de septiembre ilustra con qué dinámica se viene abordando la situación.

Una reflexión más de fondo conduce a remarcar la persistencia de un carácter únicamente paliativo en la política gubernamental. Desde que no tuvo más remedio que reconocer la evidencia de una crisis grave y profunda, el Ejecutivo no ha adoptado una sola decisión orientada a enmendar las causas que subyacen tras el brusco empeoramiento de la coyuntura. Ha promovido, es cierto, múltiples iniciativas para atenuar los efectos, unas más discutibles que otras, pero sigue sin plantear recetas de conjunto para superar las dificultades y propiciar el deseable retorno al crecimiento y la prosperidad. El único esbozo hasta ahora conocido es la prometida formulación de una ley de economía sostenible, de la que nada se sabe ni su mero enunciado sugiere sea lo que precisa la cruda realidad.

No parece, en definitiva, existir debida conciencia de que la crisis no es en realidad una, sino varias: a la consecuente de la situación mundial se han unido las específicas del modelo económico español y otra de índole fiscal, con la lógica retroalimentación entre todas ellas y la sensación de que el Ejecutivo no tiene una idea clara de por cuál empezar a tratar de poner remedio.

Antes que buscar soluciones, impera la propensión a identificar culpables. Para el modelo económico, la imputación recae sobre los ocho años de gobierno previo del Partido Popular, aunque olvidando que la esencia del modelo viene de antes, incluidos los trece años de gestión socialista, y que el actual equipo encabezado por el presidente Rodríguez Zapatero no hizo sino presumir de los frutos de ese mismo modelo durante y al final de su primera legislatura, sin hacer absolutamente nada por corregirlo. ¿O no respondía a eso la contundente afirmación de que la economía española estaba en la elitista champions league?

El resto de problemas, se ha repetido muchas veces, es consecuencia de lo que pasa fuera, con una especie de sugerencia añadida de que las soluciones habrán de venir del mismo sitio, también de fuera, antes o después.

Al final, no queda más remedio que preguntarse qué más hace falta para que todos, comenzando por el Gobierno, pero continuando por el resto de dirigentes políticos, incluidos los que ocupan la oposición, admitan que la situación va camino de la emergencia y, a partir de admitirlo, comiencen a comportarse con responsable profesionalidad.

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