jueves 12.12.2019

Instinto primitivo en fiesta de modernos

Demasiado hipster en la sala para que nadie respetara la Ley Antitabaco. La inauguración era un regreso a los 2000 donde el ambiente lo ponía el humo coloreado por los focos rojos y no el acostumbrado minimalismo blanco de las últimas exposiciones. Los modernos se habían abandonado al relajo de la estética pop dejando en la puerta todos los referentes abrazados en los últimos años; desde la bicicleta amarrada a la farola hasta el espíritu de ecología y salud. Aquello iba de vino, humo y delirio. Entré refunfuñando porque Claudia hubiera preferido quedarse en casa en vez de acompañarme. No es nada grato llegar a un ambiente donde necesitas tragar una botella para entender el dialecto de los mamados que llenaban la sala. Chicas de agencias de comunicación, periodistas, medio Chueca... y los baños hasta arriba.

Me zambullí de cabeza entre el espectro madrileño para avisar a la chica que me había invitado de que allí estaba. Alguien me pellizcó el trasero en el camino.

- ¡¡Has venido, niñoooooooooooooo!!

Ese "niño" sonaba a grito de gallo desgañitado. Qué cojones habrá bebido esta...

- Pero trae para acá que te guarde el casco. ¡¡Qué ilusión que hayas venido!! ¡¡Tengo a tanta gente que presentarte!! No te vayas a despegar de mí en toda la tarde. ¿Un cigarrillo? Ya, yo tampoco fumo, pero al parecer han traído este tabaco de Alemania... Suiza, ¿allí venden tabaco? O... No sé de dónde me han dicho... Toma, una copa... Tampoco sé de donde es, pero entra fácil y todo es gratis. Dicen que en un rato viene un tipo a pinchar. ¡Ah!, pues mira, ya se está colocando... Ya... no paro de hablar... he bebido demasiado. ¡¡Pero qué bien te quedan esos vaqueros!! ¿A ver?, date media. ¡Pero qué culito más respingón te hacen!

Una última frase que fue acompañada de una caricia más intensa de lo esperado.

- ¡Vaya! Pero qué durito está, ¿haces deporte? Deja que toque otra vez. Pues sí que tienen el trasero musculado. ¡Qué gusto tocarlo!

Aquello hubiera sido un acoso en toda regla si no me hubiera dejado arrastrar hacia los baños mientras ella estiraba de la bragueta de mi pantalón. No sé qué regalaban en los aseos pero la cola casi llegaba al centro de la sala. Ella me empujó hasta un recodo oscuro que separaba la zona de hombres y de la de mujeres y me desabrochó el cinturón mientras succionaba mi cuello. Desabrochó el botón, bajó la cremallera y cogió mi pene con su mano. Empezó a esparcir mis primeras gotas de humedad por todo mi sexo hasta que se puso dura. Muy dura. Ella seguía paseando su lengua por mi cuello y mi oreja como si aquella fuera la última tarde de su vida. Me susurró que me agarrase mi polla.

- ¡¡Mastúrbate!!

Obedecí. Ella continuaba mordiendo el lóbulo de mi oreja con intensidad. Me agarró la mano que tenía libre y la puso sobre uno de sus pechos. Apreté fuerte. No podía parar de masturbarme. Bebió un trago de vino, lo escupió sobre mi cuello mientras hacía círculos con su lengua y seguía sorbiendo mi piel. Mi mano atizaba mi miembro a toda velocidad hasta reventar de placer soltando un irreprimible gemido. Los espasmos del cuerpo iban sacando mi corrida a sacudidas pringándome toda la mano. Sólo escuchaba los latidos de mi corazón. Sólo notaba unos pinchazos acordes en mi cabeza.

Mi alarido había llamado la atención de uno de los invitados que hacía cola en el baño. Asomó su cabeza y vio la estampa. Vaqueros y ropa interior por los tobillos, la mano sujetando un miembro ya casi blando y ella pegada a mi cuello con la falda subida hasta la cintura.

- ¿Nuria?

Ella giró la mirada hacia la nueva visita.

- ¡Anda! ¡Qué bien que te encuentre! Mira, este es el chico que te dije que quería presentarte. Nos ha hecho algún favorcillo para la agencia y ahora anda buscando trabajo. Creo que podría ser un buen fichaje...

No supe con qué mano saludarle.


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