lunes 11.11.2019

Muy lejos de encontrarse aún

Los iraníes tienen una palabra que utilizan para describir el impasse político. Hablan de un bombast, que significa un callejón sin salida, o un dilema que no puede desentrañarse. Es una buena descripción del estancado debate que tiene lugar en Teherán en torno al programa nuclear.

Ha pasado más de un mes desde lo que fue anunciado por fuentes oficiales como una reunión de avance con los iraníes en Ginebra en torno a su programa nuclear. Pero los iraníes parecen dar ya marcha atrás -no reconocen el acuerdo provisional que sus propios negociadores habían manifestado apoyar-.

"La sensación hoy es que los iraníes son incapaces de decidirse", dice un alto funcionario diplomático europeo implicado en las conversaciones. Abbas Milani, un profesor de Stanford que sigue de cerca los acontecimientos en Irán, está de acuerdo: "Claramente quieren zafarse del acuerdo".

Constituye una muestra de la agitación política en Teherán que el principal impulsor del diálogo con Estados Unidos a lo largo del mes pasado haya sido el presidente ultraconservador Mahmud Ahmadineyad. Ha sido atacado por su supuesta voluntad de hacer concesiones a Occidente, incluso por algunos "reformistas del movimiento verde" que le desafiaron en las presidenciales de junio pasado.

El desencuentro diplomático supone un revés para la Administración Obama, que había hecho del diálogo con Irán una de sus enseñas. Como la Administración está descubriendo, llegar al "sí" con Teherán por ahora parece casi imposible. Este cambio de actitud se produce al mismo tiempo que la ruptura de las negociaciones palestino-israelíes, el otro asunto en el que el presidente Obama había intentado un nuevo punto de partida audaz sólo para terminar inmerso en la amarga herencia del pasado.

Lo que procede ahora con Irán, si el estancamiento de la negociación se prolonga, es una nueva campaña de presiones. En primer lugar habrá un debate en torno a sanciones adicionales en Naciones Unidas. Las voces cruciales en esto serán Rusia y China, que pueden vetar cualquier resolución punitiva en el Consejo de Seguridad. Ambos países han expresado públicamente su reticencia a imponer más sanciones.

Volviendo a la reunión del 1 de octubre en Ginebra, está claro que los iraníes estaban protegiendo sus apuestas. Las primeras informaciones apuntaban a que Irán había accedido a permitir la inspección de las instalaciones nucleares antes secretas ubicadas en Qom, así como a enviar la mayor parte de sus existencias de uranio de bajo enriquecimiento a Rusia para su posterior procesamiento, y se acordó celebrar conversaciones más amplias sobre el programa nuclear, entre otras cuestiones.

De esos tres supuestos sólo el primero -la inspección de Qom- había tenido lugar dentro del plazo del 31 de octubre. Y resulta que lo que realmente habían prometido los iraníes en Ginebra era que no iban a contradecir el anuncio del avance realizado por Occidente, que no es lo mismo que apoyarlo públicamente.

La perspectiva de un acuerdo con el 'Gran Satán' produjo un escalofrío político en Teherán. Durante los primeros días tras la reunión de Ginebra, la prensa guardó silencio, al parecer esperando una señal. Entonces comenzaron los ataques, y se intensificaron tras una reunión mantenida en Viena el 21 de octubre que se suponía iba a cerrar los flecos de la transferencia del uranio de Irán a Rusia. Los críticos se ensañaron con Ahmadineyad por regalar el inventario nuclear.

La crítica más importante vino de Ali Larijani, el presidente del Parlamento y ex negociador nuclear de Irán. "Los occidentales insisten en algún tipo de engaño", dijo. Larijani no habría vertido estas críticas a menos que tuviera lo bastante asegurado el respaldo del ayatolá Ali Jamenei, líder supremo del país.

Y, por supuesto, Jamenei se sumó a los ataques realizados la pasada semana, advirtiendo de que la negociación con EEUU es "ingenua y perversa". El líder estaba criticando implícitamente a Ahmadineyad, que había calificado el acuerdo de Ginebra como una victoria iraní.

Tal vez todo esto sea una táctica elaborada de negociación, destinada a mejorar la posición negociadora de Teherán. Pero la lectura de la prensa iraní produce la impresión de que en lo que respecta a la clase dirigente de Irán, el compromiso con Estados Unidos sigue estando aún demasiado lejos. "Estados Unidos sigue siendo el Gran Satanás. Las negociaciones no tienen sentido", atronó el semanario de línea dura Ya-Lesarat.

En lugar de pronunciarse a favor del diálogo con Estados Unidos, muchos de los reformistas del círculo del primer ministro Mir Husein Musavi decidían en su lugar marcar goles políticos a Ahmadineyad.

El último mes ha constituido un recordatorio de que la mera existencia y la legitimidad del régimen de Jamenei son cuestiones entrelazadas con un antiamericanismo desafiante. Este legado contagia hasta a los reformistas que se manifiestan contra Jamenei.

El desafío para Obama, señala Karim Sadjadpour, de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, es cómo llegar a un acuerdo con un Irán que necesita a Estados Unidos como adversario. ¿Y cómo puede hacer eso Obama sin traicionar a la oposición, que supone la mayor esperanza de cambio de Irán?

© 2009, Washington Post Writers Group

Comentarios