Jueves 22.11.2018
ADAPTACIONES EN LA LITERATURA INFANTIL

¿Vivieron felices y comieron perdices?

Muchos de los libros de la literatura infantil universal, comúnmente llamados 'clásicos', no son más que malas copias podadas y encastradas para ocultar la fría crueldad que encierran los textos originales

Ilustración de Caperucita Roja
Ilustración de "Caperucita Roja'

¿Quién dijo que los cuentos siempre fueron dulces y con final feliz? Vivieron felices y comieron perdices es un precioso final para cada cuento infantil. Sin embargo, los fenómenos Disney y Hollywood son relativamente recientes, y muchas de sus edulcoradas historias esconden realidades más aciagas en su versión literaria original.

Por poner un ejemplo corto, la versión original de 'Caperucita Roja' de Charles Perrault es tan sencilla como demoledora. El lobo le da indicaciones falsas a Caperucita, que se pierde y acaba siendo devorada por el malvado. Fin. La abuela y el leñador que rescata a la joven y da su merecido al malo se han añadido en versiones posteriores.

Muchos de los cuentos populares que hoy se circunscriben a la cultura infantil, en otras épocas no estaban destinados a los niños. Eran relatos que pertenecían al folclore campesino y los escuchaba un público heterogéneo, del cual los pequeños formaban parte. Esto era así porque en aquellos tiempos el concepto de infancia, tal y como se  concibe hoy, aún no existía.

En determinado momento se empieza a considerar nocivos y corruptores para los niños los cuentos populares de la tradición oral. Comenzaron a ser rechazados de forma vehemente por los pedagogos y adultos responsables de los niños. Luis Manuel Estalayo, psicólogo clínico y autor del artículo 'La utilización de cuentos populares en la intervención con niños maltratados', defiende que "los cuentos  tradicionales no hacen ningún daño a los niños. Muy al contrario, son textos que colaboran a elaborar conflictos internos en un lenguaje muy cercano a su fantasía. De ahí su capacidad seductora y su eficacia simbólica".

El escritor y miembro de la Real Academia Española Antonio Rodríguez Almodóvar, que ha desarrollado una destacada labor de recuperación de los cuentos populares españoles, lo explica muy bien cuando dice "hay que repetir que el cuento es simbólico, dice una cosa a través de otra. Si unos niños son abandonados en el bosque por sus padres, querrá decir que la realidad puede despojarte de esa protección en cualquier circunstancia, y que más vale que espabiles. La opción no es una infancia superprotegida, aunque hoy es lo que se lleva"

La cruda realidad

Luis Manuel Estalayo también lo explica: "Cada niño y cada ser humano necesita textos míticos y simbólicos que le ayuden a transitar por la cruda realidad. Privarles de estos textos con la excusa de que son violentos sería condenarlos a un mundo racional y lógico, muy desarrollado en tecnología pero carente de sentido. Sería contribuir a la muerte de la infancia"

Los niños pueden sentirse muy frágiles y vulnerables ante un universo adulto que, aunque potencialmente protector, también puede ser aterrador. "Los cuentos populares ponen palabras e imágenes a esos miedos, siendo proyecciones de las fantasías infantiles. Son textos que demuestran cómo un niño abandonado, maltratado y aterrorizado por brujas y ogros puede salir victorioso y crecer de manera satisfactoria. El niño se identifica con los personajes de los cuentos y en sus representaciones internas se van produciendo modificaciones que colaboran en su crecimiento", dice Estalayo.

Por eso, Rodríguez Almodóvar asegura que "todo lo que sea cambiar o censurar un cuento tradicional es inaceptable. Hay que dejar que fluyan con sus símbolos, aunque hoy no se entiendan. La mente infantil pide conflicto y el cuento no traumatiza: prepara para la vida".

Niños indefensos

Y este experto añade que  "en Disney lo que prevalece es la simpleza inoperante, y la recarga ideológica, según qué casos". Y pone un ejemplo: Si a 'La Bella Durmiente' le quitamos la segunda parte queda un cuento un poco tonto de una princesa condenada a dormir que solo despierta por el beso de un príncipe azul. Pero después ella tiene que salir adelante en medio de enormes dificultades, porque él se va a la guerra y la "Bella" debe hacerle frente a una suegra edípica, que quiere devorar a sus nietos. Por eso la fallecida novelista Ana María Matute se animó a escribir El verdadero final de la Bella Durmiente, obra publicada en 1995 que dice que "la Princesa nunca más sería tan cándida, ni el Príncipe tan Azul, ni los niños tan ignorantes e indefensos".

La pregunta es: ¿Hay demasiados miramientos hoy en día con la infancia? "En términos globales es difícil hablar de exceso de miramientos con la niñez, si tenemos en cuenta la enorme cantidad de niños que se ven implicados en conflictos armados o que viven en condiciones de marginalidad extrema. Pero en los países desarrollados se da una paradoja, se trata a la infancia con un mimo excesivo, casi irracional, con un temor enorme a que los hijos puedan sentir aburrimiento, tristeza o frustración. Se les da todo antes de que pidan nada y justo en ese exceso de dar, generalmente objetos de consumo, se les priva de experiencias necesarias para su crecimiento como jugar con los padres, cantar o reír. Se trata de transmitir afecto y, con la adecuada autoridad, hacerles ver que no todo se puede conseguir de forma urgente y sin esfuerzo", afirma Luis Manuel Estalayo.

Una última reflexión para acabar esta historia. ¿Y las moralejas? Rodríguez Almodóvar dice que el cuento popular nunca las lleva, salvo si son chuscas o divertidas. "Las moralejas son un postizo, de mentalidad racionalista o doctrinal. Lo peor de estas enseñanzas es que tienden a ahogar la libre interpretación del oyente o lector". Pues colorín, colorado este cuento se ha acabado.

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