domingo 11/4/21

Estrella Digital

La hostelería, ante ‘el efecto Mateo’

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Suele ocurrir en la vida que “el rico se hace más rico y el pobre se hace más pobre” o, por tirar del refranero español, que “dinero llama a dinero”. ¿Es o no es así? El hecho es que el conocido como ‘efecto Mateo’ retrata sociológicamente el fenómeno según el cual hay una acumulación de bienes y riqueza que tiende a multiplicarse y, en sentido contrario, una escasez que se agudiza sin remedio. El origen de la imagen está en la 'parábola de los talentos' del Evangelio de Mateo (“porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”).

            En plena cadena de brazadas para salir de esta gran tercera ola del covid-19, la sociedad es plenamente consciente de que hay negocios que han seguido funcionando, con garantías y solvencia, incluso con alegría. Como es obvio, en el ámbito sanitario y farmacéutico, pero también sectores como la logística o la alimentación, que tanto suman al PIB de nuestro país, han podido tirar del carro, y esas compañías han podido mantener sus plantillas, sin despidos, a veces con incrementos en el personal: han sido vitales para que la sangría laboral no se haya hecho infinita.

Sin embargo, hay nichos como el de la hostelería que han sido parcialmente desmantelados, y cuyos empresarios han quedado tocadísimos, muy mermados en sus energías y su capacidad económica. Por si fuera poco, haciendo recapitulación del minuto y resultado en el que estamos, el Banco de España ha sido demoledor en su última alerta: siete de cada diez empresas (bares y restaurantes) son muy vulnerables financieramente por su elevado nivel de deuda, nada menos que el triple que antes del coronavirus. Aún más, advierte la institución de que si el impacto de la pandemia se prolonga, una de cada cinco compañías será directamente inviable.

Todos soñamos con una recuperación, tras esta durísima fase, rápida, facilitando y allanando el camino a quienes visualizan la seria amenaza de quedarse atrás para siempre. Pero, no creemos ficciones ni creamos en los milagros, no será sencillo. Es precisamente por ello que el gobierno tiene una responsabilidad total en actuar, y hacerlo ya, en términos de ayudas directas, a un núcleo esencial del tejido productivo castigadísimo por las restricciones. Cada día que pasa, se aprieta un poco más la soga que muchos de nuestros compatriotas llevan al cuello.

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