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Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
25-06-09 Nº 3.912 Año XI
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La veleta Zapatero

Miguel Ángel Rodríguez

El presidente del Gobierno español sigue dando muestras inequívocas de no saber cómo enfrentarse a la crisis económica que azota nuestro país. Ni él, ni su equipo. El último episodio de esta desafortunada -e interminable- serie de incongruencias se dio el pasado martes, cuando su partido decidió retirar el apoyo a la iniciativa de IU-ICV de subir los impuestos a las rentas más altas. Horas antes, los socialistas se habían mostrado favorables a la medida en cuestión. Pero después decidieron cambiar de opinión por enésima vez. El objetivo de dicho cambio no era otro que conseguir un acercamiento con CiU.

Muchos se preguntarán cuáles son los efectos de aplicar -o no- dicha medida. Y la respuesta es la siguiente: ni idea. Ningún integrante del Gobierno lo ha explicado públicamente. A ninguno de los componentes del PSOE le importó decir que sí a la propuesta y luego que no. Un dato objetivo que demuestra lo profundamente meditada que estaba la subida de impuestos.

Como ciudadanos preocupados por el futuro del país, debería resultar indiferente el partido con el que se sienta identificado cada uno para coincidir en que así no se hacen las cosas. No puede existir un criterio basado en apoyos políticos y no en lo que es mejor para la población. Al señor Rodríguez Zapatero no se le eligió para hacer amigos en el Congreso. Se le puso allí para llevar a cabo lo que sea mejor para España. O, al menos, lo que él como presidente considere que sea mejor. Y hasta el momento no parece que lo esté haciendo.

Dice Rajoy que el líder socialista y su Gobierno dan "bandazos" en política económica. Y seguramente esté en lo cierto. Pero su alta incapacidad de decisión no es lo peor del asunto. Lo verdaderamente perjudicial son las consecuencias que esta actitud titubeante tiene en el día a día de los españoles. Acciones como la del martes fomentan la incertidumbre y la desconfianza de los consumidores y de los mercados, imposibilitando cualquier intento de salir adelante cuanto antes. Así, simplemente, no se logrará nunca.

Zapatero debe tomar determinaciones, decidirse por una línea de acción y aplicarla. Con todas las consecuencias. No es de recibo que cada semana se cambie la dirección en que se mueve nuestro país. Elija un camino, señor presidente, e iremos todos por él. Eso sí: no se equivoque otra vez.

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