martes 13/4/21

Estrella Digital

La Siniestra España

Lenguas

El castellano, según el artículo 3 de la Constitución, es la lengua oficial en todo el territorio nacional. Concretamente en su párrafo primero dice literalmente: “El castellano es la lengua española oficial del Estado. TODOS los españoles tienen el DEBER de conocerla y el DERECHO a usarla”. Es la lengua vehicular que se enseña, o que se debería enseñar, pese a la  xenofobia independentista antiespañola catalana.

Nuestro idioma es riquísimo en vocabulario y expresiones de todo tipo. La semántica léxica, rama de la Lingüística que se ocupa del estudio de las palabras, me permite expresarme con toda riqueza a la hora de manifestar mi opinión sobre todo tipo de cuestiones y asuntos. En este artículo voy a aprovechar la polisemia del término siniestra para referirme a la izquierda española, tan distinta ella de sus homónimas europeas. También la heráldica acude en mi apoyo, pues diestra y siniestra son dos tecnicismos empleados para referirse a una posición en un escudo de armas. Por cierto, el lado diestro es el del honor según esta disciplina. Tampoco nos olvidemos de la dignidad religiosa atribuida a la diestra del Padre.

Hechas estas breves reflexiones introductorias, interesantes a mi modo de entender, me adentro en terrenos de la política nacional, tan convulsa en los últimos tiempos. El mapa político que observamos a mano izquierda es verdaderamente espeluznante y amenazador para la integridad de nuestra Patria. No me refiero solamente a la unidad territorial, también aludo al desastre generalizado en todos los ámbitos económicos y sociales. No soy capaz de citar un tema en el que el sectarismo, el revanchismo y la  perfidia no se manifiesten desde los postulados del ejecutivo socialcomunista de Pedro Sánchez. Desde que, en enero del año en curso, se fraguó la coalición PSOE-Podemos, un futuro aciago, infeliz y amenazador se cierne sobre nosotros. No exagero en mis consideraciones, si alguno tiene dudas al respecto, recomiendo que se consulten las cifras que por doquier describen el lúgubre panorama que vislumbramos y afrontamos.

La Europa del verdadero progreso observa estupefacta y harto preocupada la evolución histórica de España. Los derrotes que manifiesta el socio chavista instalado en la Moncloa son poco tranquilizadores. En ningún gobierno de la Unión Europea hay situado un partido comunista, de estalinismo recalentado y trasnochado, como al que representa el ministro de Consumo, Alberto Garzón. Tampoco están presentes ministros tan entregados a la causa bolivariana como lo hacen los ministros podemitas. Los defensores del “paraíso venezolano” no están muy bien vistos en las democracias occidentales, muy poco dadas al elogio de las dictaduras castristas, sandinistas, o chavistas. El mensaje ideológico de esta siniestra aciaga, maligna y pérfida no tiene cuota de mercado dentro de las concepciones de progreso, justicia, libertad, paz y verdadero avance social del mundo avanzado. Basta con recordar la historia de la Europa oriental para saber distinguir la penumbra y las tinieblas padecidas por un pueblo, de la luz deslumbrante de un futuro esperanzador y dichoso.

A la diestra de esta siniestra anacrónica y aciaga, se encuentra el sanchismo socialista, una mala versión de la peor edición de la socialdemocracia que uno pueda encontrar. Una nueva generación –según la asturiana y locuaz Adriana Lastra -, controla el PSOE y su organización federal, dando carpetazo a la vieja guardia felipista. Nuevos tiempos y nuevos vientos nos devuelven, paradójicamente, a un pasado frentista y populista. La radicalización del partido socialista es un hecho manifiesto y consumado, la alianza con los antisistema, los comunistas y los heraldos de la tercera república fundamentan todo tipo iniciativas y propuestas políticas. El delfín de José Luis Rodríguez Zapatero hace suyas las propuestas de una izquierda tendenciosa, sin reserva, recato ni rubor alguno. Sin entender que el Gobierno del Reino de España representa a todos los españoles, de una manera partidista, divide a la sociedad practicando un proselitismo ideológico reaccionario sin parangón. Tampoco en Europa gobierna un partido socialista tan posicionado a la izquierda.

Una frenética carrera de… ¿Reformas? ¿Contrarreformas? se lleva a cabo degollando el Estado social y de Derecho proclamado en nuestra Carta Magna. El Estado de Bienestar se está convirtiendo en un estado de malestar y en un verdadero estado de desecho. Propuestas como la LOMLOE (Ley Orgánica de Mejora de la LOE); la Ley Democrática de la Memoria Histórica; la Ley de la eutanasia; la depredadora política fiscal; los Presupuestos Generales del Estado; las políticas migratorias; la reforma laboral; las concesiones a los independentistas catalanes y vascos; la política exterior, y tantísimas otros decretos, leyes, posiciones y posturas certifican y abundan en la cartera del sanchismo.

“Vamos a poner España que no la va a conocer ni la madre que la parió”. Esta frase pronunciada por Alfonso Guerra tras el primer triunfo socialista, el veintiocho de octubre de mil novecientos ochenta y dos, hoy cobra especial relevancia y define muy bien la destrucción que se está perpetrando con ahínco y esmero. Y dicho sea de paso, don Alfonso ha sido sarcásticamente desairado por los chicos y chicas del coro de Pedro Sánchez. La opinión del veterano líder del PSOE sobre los pactos con los bilduetarras para la aprobación de los presupuestos y otros menesteres, ha sido reprobada y descalificada sin miramientos ni consideración. Es un acto cainita revanchista hacia sus correligionarios que se ha repetido, de igual modo, contra el mismísimo Felipe González. No hay ninguna camaradería en ello, más bien la prepotencia, la arrogancia y la soberbia de la nueva generación de dirigentes de la calle Ferraz. También aquí se define el rigor y el drástico comportamiento totalitario de los acólitos del sanchismo.

Así pues, una izquierda desbocada, encabritada y obtusa se lanza en España a los brazos de los testaferros de ETA, a la carantoña de un enloquecido independentismo, al guiño facilón de  un populismo desmelenado, y al lascivo y obsceno coqueteo con el republicanismo embravecido. La siniestra se revela patentemente  más siniestra, más oscura y  más sombría. España está en grave peligro, y de momento está en venta. Barruntos de aire de pantano insalubre se extienden por el solar hispano de manera impenitente, contumaz y obstinada. ¡¡¡España despierta!!!

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