sábado 19/6/21

El alto riesgo de atontamiento de las RRSS

redes

Hay una pandemia que ha corrido paralela a la del coronavirus, y ha sido la de la desinformación y los bulos en las redes sociales: innumerables, difundidos de manera global y directa, inmediata, minuto a minuto, y en algunas ocasiones con penosos -cuando no peligrosos- efectos. Y hay, dentro de las propias redes, otra plaga que no tiene fácil solución: y es la del atontamiento en las prácticas, en las ocurrencias, en las jaimitadas; modas, ora sonrojantes, ora perseguibles.

 Lo penúltimo que podíamos imaginar es que a Tinder o a TikTok llegase el postureo de los uniformes: hacer vídeos vestido de policía, por ejemplo; esto, no se olvide, en un tiempo en el que el propio Cuerpo Nacional de Policía ha decidido crear un canal propio en la segunda plataforma citada, con el afán de “llegar a los jóvenes”.

 Ahora, las propias Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (también las autonómicas, como la Ertzaintza), se han visto obligadas a crear normativas que sancionan a quienes se identifique que usan los galones para exhibirse, ligar, hacer un baile… para el más absurdo y patético de los experimentos visuales, sea cual sea el fin buscado por el imaginativo, simpático… y enrollado agente que no tiene pudor en enseñar la placa.

Ya es grave que algunos de ellos, o todos, sean incapaces de percibir el problema de seguridad que puede conllevar la difusión de estas instantáneas: más allá del uso frívolo de la indumentaria, de menoscabar el respeto y la imagen de la institución y de su autoridad, está el que cualquiera pueda ver la dotación del profesional en cuestión, como el arma reglamentaria, o la ubicación donde se localiza ese funcionario.   

Pero, sobresale, se mire por donde se mire, el uso del sentido común. ¿Hasta dónde ha alcanzado el exhibicionismo vacío y esperpéntico en las redes sociales como para que un Guardia Civil en España pueda llegar a pensar en los beneficios de ‘lucir palmito’ vestido de verde para, por ejemplo, seducir al sexo contrario para mantener relaciones carnales valiéndose de ese plus?

Ruboriza plantear incluso el interrogante el modo retórico. Pero vale la pena hacerlo. Porque da una idea de hasta qué callejón de sórdida salida puede llevar la cristalización de tendencias frikis en una sociedad tan sumamente hedonista, superficial y fútil, obsesionada con vivir bajo el foco y con la atención y aprobación ajenas.

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