jueves, diciembre 8, 2022

Cu cú… Tas

Son como niños, o algunos son como niños. No parecen diputados sino críos jugando al escondite intentando que no les vean aunque asoman las puntas de los zapatos por debajo de la cortina. Ni aun así admiten que son ellos, cuando las evidencias son aplastantes. Las matemáticas son ciencia exacta y los números son los números, pero además en política todo se acaba sabiendo, generalmente más pronto que tarde.

Y como todo se acaba sabiendo, es absurdo que tanto Homs como Esteban pongan cara de portavoces indignados ante la idea de que algunos de sus diputados han podido compadrear con el PP y votar una composición de la Mesa del Congreso pactada entre PP y Ciudadanos.  Pues sí,  compadrearon, votaron a favor de que Ignacio Prendes, de Ciudadanos, fuera Vicepresidente Primero de esa Mesa, que no es lo mismo que ser Tercero, que era a lo que se exponía si no le votaban un puñado de diputados más que los propios y los del PP.

La historia ha podido reconstruirse más  o menos. Prendes temía que ERC votase con el PSOE y no consiguiera la ansiada vicepresidencia, así que el PP se avino a “prestarle” algunos votos. Pero además sugirieron los populares a los nacionalistas que echaran una mano, y la echaron con esos diez votos llamados “fantasmas” y que no lo son tanto. ¿Quiénes son los diez? En el PP no tienen ni idea, pero no dudan que son del PNV y de Convergencia, que ahora ya no se sabe cómo se llama y que Miqel Iceta, con su sorna habitual, ha decidido  llamar Prince,  como el genial cantante que cambiaba también de nombre en función de su estado vital.

Lo que niega por activa y por pasiva el PP, o mandamases del PP, es que esos votos prestados sean consecuencia de un pacto para que Convergencia-Prince tenga grupo parlamentario propio, o el PNV un lugar en el cielo-Mesa del Senado. No sería la primera vez, ni la segunda ni la tercera, que los servicios jurídicos del Congreso interpretan que el 15 por ciento de porcentaje por provincia al que obliga la  ley para tener grupo parlamentario, además de un número mínimo de diputados, se pueda “arreglar” haciendo la media del porcentaje que un partido nacionalista ha logrado en su comunidad. Así que independientemente de la ayudita a Prendes, con toda seguridad los catalanes habrían tenido grupo propio, como han tenido toda la vida del señor y ahora no va a ser menos. 

Niegan en el PP por otra parte que vayan a cambiar un ápice su política de pie en pared contra las iniciativas independentistas. No hay por qué dudar de sus palabras, ni de la de ellos ni de la de nadie excepto de aquellos que han mentido lo que les ha dado la gana y más, que los hay, con nombre y apellidos. Pero que no se dude no significa que no vayamos todos a estar pendientes de qué pasa en Cataluña y qué hará el PP ante lo que preparan los independentistas, por si cambia de rumbo.  Si ocurre, es cuando hay que darles entonces a los dirigentes del PP hasta en el carnet de identidad.

Dicho lo cual ¿cuándo tendremos gobierno? ¿Será Rajoy el presidente de ese gobierno?  Los que negocian en el PP confiesan que  Ciudadanos está manteniendo una posición muy dura y no da su brazo a torcer. Y confiesan también que los socialistas no se mueven un ápice de su posición negativa, de voto en contra, mientras Ciudadanos no decida finalmente cambiar el sentido de su voto abstencionista por el voto a favor, así que estamos exactamente igual que hace dos semanas.  Pero por especular que no quede, es el deporte de moda. Tanto, que ya no solo se hacen cábalas sobre quién va a gobernar, sino también sobre quiénes van a formar parte del gobierno de Rajoy, como si la cosa estuviera hecha.

Que no lo está, qué más quisiera Rajoy. Aunque la esperanza –en política y en lo que no es política- es lo último que se pierde.

Pilar Cernuda

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