sábado, diciembre 10, 2022

Verano del Tea Party, ya están aquí

El Tea Party, visto en Europa con desdén y desprecio, ya ha entrado en política. No en la de Estados Unidos, donde lleva tres años, dos senadores y una influencia clave en ambos partidos mayoritarios, sino en la nuestra. La presión del movimiento ultraderechista, que prefería la quiebra en la votación del Congreso norteamericano a renunciar a sus principios, es inversamente proporcional a la posterior angustia de Italia y España, Banco Central Europeo de por medio, ante un posible ataque financiero y el consecuente rescate. Como cualquier decisión va de mercado en mercado y gobierno en gobierno, la presión de los activistas ultraconservadores influye en los sudores fríos de media Europa.

Agosto como fecha de inflexión del movimiento, la capacidad del Tea Party para empujar a los demócratas hasta dejarles fuera de juego y colocar a sus miembros es cada vez mayor. Al menos el 35 por ciento de los republicanos han sido elegidos gracias a su apoyo, según datos recogidos por Los Angeles Times. La favorita del movimiento radical, Michele Bachmann, se acaba de posicionar en las primarias de Iowa, clave para proyectarse a nivel nacional. El segundo de abordo de los teapartistas, Rick Perry, también se peleará por llegar a las presidenciales de 2012. Y entre el gobernador de Texas y Rouco Varela es difícil establecer las diferencias. Mientras uno proclama el perdón para las mujeres que se arrepientan de abortar, el candidato republicano ratificará una norma que obliga a escuchar una descripción del feto antes de la interrupción del embarazo. “Salvará miles de vidas inocentes”, dice. Y no se refiere a Irak, ni a Somalia, ni a las armas de Texas que matan a miles de inmigrantes en la frontera. De hecho, en el arranque de su campaña en South Carolina, ha defendido el derecho de la venta de armas, entre otras de las líneas de un discurso patriótico.

En la última edición de 2010 de la revista Time los finalistas a personaje del año fueron Julian Assange y el Tea Party. Inmersos como estamos en el history is happening, Assange simboliza el perfecto reloaded de la Revolución Francesa, “liberdad, igualdad, fraternidad”. Y el Tea Party la parte del eslogan cercenada por evocar el terror de la guerra: «o la muerte”, decía. En esa amenaza se colocan. O nosotros o la quiebra económica del Estado. O nuestros candidatos, o ninguno. Obama no como oposición, sino enemigo. Un antipatriota, un extranjero, dicho en cientos de actos públicos. En palabras de uno de sus activistas: «Los partidos e instituciones se sienten amenazados. El Tea Party ha nacido para echar a los demócratas del gobierno y reformar el partido republicano, reconvertido al servicio de los principios fundacionales de este país”.

La polémica y bloqueo del techo de la deuda es sólo el principio. Lo subrayan decenas de analistas, entre ellos, los más leídos a orillas europeas: Paul Krugman, Nouriel Roubini, o la edición del Time en portada y bajo el título «El triunfo del Tea Party». En CNN, Fox News o CNBC, tienen un sitio reservado en las tertulias. Y más alla de los hechos, la base social que los sustenta. Aproximadamente un 25 % de la población les apoya. Tal vez porque sólo el 21% de los americanos se considera “progresista”, según datos de Gallup, en un momento con otra cifra récord, el 82 % desaprueba la negociación en el Congreso, según una encuesta de NYT-CBS News del pasado 3 de agosto.

En unos meses, por seguir con el mismo ejemplo, la revista Time tendrá que elegir al nuevo protagonista del año. No cabe duda de que en 2011 el Tea Party ha ganado posiciones, han entrado en acción. En contra de los derechos civiles, racistas y homófobos sin tapujos, podrían obligar al resto a debatir como si hubiéramos retrocedido incalculables décadas. Si la primera parte de la crisis explotó en Wall Street y la segunda posible recesión llega con la deuda de los países de Europa, el nuevo protagonista bien podrían ser los indignados, el rostro de la exigencia legítima que pretende mejorar la democracia y no la salvación espurea del Tea Party. Veremos a quién iluminan cuando toque. No sólo el semanal, sino el resto de focos.

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Pilar Velasco

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