jueves, diciembre 8, 2022

Con R de Rubalcaba

Se materializó, al fin, el nuevo liderazgo socialista. Desde que en el mes de mayo el PSOE perdiera la mayor parte de su poder territorial, los socialistas han realizado la travesía de la derrota sin una referencia política en la que fijar sus esperanzas de cara a las próximas elecciones generales. Pero eso ya lo ha resuelto el partido del gobierno proclamando a Alfredo Pérez Rubalcaba como candidato por aclamación para disputar las elecciones al veterano perdedor, Mariano Rajoy.

En un acto cargado de fuerza electoral, Rubalcaba se ha dirigido a sus seguidores proclamando su compromiso con valores de la izquierda que a día de hoy parecían consumidos entre las recetas para combatir los efectos inmediatos de la crisis.

En su discurso, Rubalcaba afirmó su voluntad de combatir el desempleo, obligando a un compromiso real por parte de quienes tienen que tener una implicación directa: los bancos, las entidades financieras. Abogó por dedicar algo más que palabras – dinero- a crear empleo entre los sectores más castigados por el paro.

Habló de ambición y de realismo, y lo hizo para definir una estrategia de acción democrática que renueve el acercamiento de los ciudadanos a la política. Para ello reivindicó la austeridad, el control preventivo de la corrupción y la reforma electoral que facilite el acercamiento de los ciudadanos a sus representantes.

Habló Rubalcaba de todos los aspectos que marcan las preocupaciones de los españoles: habló de innovación y de un nuevo modelo productivo que evite “volver atrás”, como quiere otros con sus propuestas. Y habló de país, de España, de intereses colectivos, de progreso y justicia, de igualdad de oportunidades. Habló con la habilidad de quién sabe explicar ideas para que la atención se centre en ellas y no se pierda en artificios de teatralidad. Habló con rigor, con la autoridad de una vida dedicada al servicio público sin más interés que el de hacer las cosas correctamente.

Y a los suyos les gustó. Se reencontraron, se sintieron protegidos por un fuerte liderazgo y se animaron en un momento en el que la reafirmación ideológica ha sido el primer paso para gobernar con un proyecto de transformación que no siga los pasos de nuestros vecinos conservadores, dedicados a reducir derechos y aplicar el thacherismo con fruición.

Así que Rubalcaba se puso al frente del proyecto, lo explicó y anunción que su forma de hacer las cosas será desde la dignidad de la política, escuchando a,los ciudadanos y formentando la participación de los españoles más allá de un voto cada cuatro años que en la Era 2.0 parece un atavismo cuando la participación es un hecho en tantos otros ámbitos.

Y convenció sin dedicar ni un esfuerzo a denigrar o a crispar, esa tarea que tanto identifica un tiempo que ya ha pasado, al menos, para muchos españoles que hartos de ese crispado sectarismo instalado en los discursos de unas políticos ausentes ante las verdaderas necesidades de los ciudadanos.

En este tiempo que empieza, un político veterano es quién mejor puede transmitir la idea de que la política no es ese enfermizo intercambio de mandobles que tanto promueven los que quieres ser a toda costa, aunque sea sobre las cenizas de su propio país.

Al escuchar a Rubalcaba, los adversarios parecen desvanecerse en la niebla de un discurso sin discurso, unas propuestas inéditas y una forma de actuar muy poco edificante.

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Rafael García Rico

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