martes, noviembre 29, 2022

Contra ETA

La última operación policial (y judicial) contra ETA resulta reveladora. Los abogados detenidos no lo han sido como tales ni como prestadores de los servicios de defensa a los terroristas de la banda, sino como personas que presuntamente formaban parte del entramado de la banda, ya fuese para transmitir mensajes y consignas, recoger información para acciones violentas o para facilitar en su caso la huida, como han señalado los responsables de Interior.

Son muchos y distintos los detenidos y la Justicia determinará, en cada caso, las responsabilidades y los delitos concretos. Lo importante en este asunto, independientemente de la suerte de cada uno de ellos, es que se mantiene un criterio en la lucha contra el terrorismo que, aunque obvio, ha sido olvidado durante mucho tiempo y, en ocasiones, aun siendo evidente, se ha pretendido arrumbar. ETA es una banda terrorista que no está integrada sólo por pistoleros. Funciona como una hidra bien organizada y disciplinada en la que muchos otros, en distintos campos, desempeñan papeles coordinados sin los cuales la banda no sería lo que es. Una persecución eficaz tiene que ser, en primer lugar, respetuosa con la ley y con sus garantías, pero, al mismo tiempo, no puede olvidar que lo que se trata de eliminar, la banda, funciona de esa manera, al estilo de las organizaciones criminales.

Si, como se ha constatado hasta la saciedad, no hay en ETA resortes internos para su disolución, ni morales ni estratégicos, ni para que una parte de la trama se lo exija a la otra, tampoco es posible acabar con ella sin el empeño legal y judicial por no dejar resquicio alguno para que la maquinaria respire y subsista. La batalla contra el terror, bien coordinada internacionalmente, debe perseguir todos los elementos de la banda, cerrar las puertas e impedir que unas y otras cabezas de la hidra respiren para mantener la violencia de una u otra manera.

La importancia y la necesidad de esta estrategia antiterrorista no asegura, lógicamente, que no vaya a haber antes o después un atentado, pero, además de dificultarlo y actuar preventivamente, es el único camino, cada vez más corto, para lograr el fin de ETA. Todo ello debería servir para que, al margen de algunas extravagancias impresentables, la cooperación con el Gobierno de todo el arco parlamentario se afiance y se estreche.

Germán Yanke

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