martes, diciembre 6, 2022

Te van a dejar sin pensión

Te van a dejar sin pensión. Y sin sanidad. Y no digas que no te han avisado, lo repiten sin parar los de derechas y los de izquierdas. Trabajarás por sueldos bajos y en la vejez vivirás peor que tus padres. Enfermarás y gastarás en curarte lo que tienes más lo que te presten con intereses. Tus hijos recibirán sólo la formación que puedas pagar y, si mueres joven, lo harás sin la tranquilidad de que te sobrevive un Estado que garantiza a tus huérfanos educación e igualdad de oportunidades. La salud, el desarrollo personal y el bienestar en la vejez no serán derechos sino bienes de consumo.

Es el mundo desolador al que nos llevan las teorías que ahora dominan el pensamiento económico. Para sus autores, la meta ha dejado de ser extender el modelo europeo, otrora imitado por el alto nivel de bienestar que garantizaba a sus habitantes. Los gurús de la economía nos dicen ahora que el futuro está en modelos como Singapur y Filipinas, campeones del crecimiento porque el Estado ha renunciado a su labor reguladora y allí predominan la desigualdad, la inseguridad y la ley del más fuerte. Países con masas de mano de obra barata, desorganizada y desprotegida, donde los amos no tienen que sufrir el engorro de pagar unos impuestos que aseguren la vida digna de nadie y cada persona se busca la suya como puede, si es que puede.

De ese pensamiento emanan las nuevas políticas que poco a poco se abren paso en Europa, desde la neoliberal España hasta la protectora Finlandia, pasando por la quebrada Grecia. Ganan terreno porque cada vez tienen menos contestación política y académica mentiras como que la sanidad pública es insostenible o que los colegios privados son mejores o la ya habitual “para cuando nos jubilemos no habrá dinero para pagar las pensiones”. Sentencias que, por muy repetidas, se instalan como mantras en el pensamiento de una masa acrítica y desinformada.

En una época en que la ideología cotiza a la baja, la batalla por los derechos sigue librándose en el ámbito de las ideas y los mensajes son importantes. Y ahí la izquierda tiene mucho terreno que recuperar. Empezó a perderlo cuando sus dirigentes comenzaron a mudarse a los mismos barrios que los ricos y sus cuadros a estudiar los mismos 'masters' en las mismas escuelas y facultades de Economía.

En 1982 España tenía un PIB de 190.000 millones de euros, más de cinco veces inferior al actual, y nadie cuestionaba su capacidad para levantar uno de los mejores sistemas sanitarios y de pensiones. Hoy, con un PIB de un billón (millón de millones) nos dejamos seducir por pseudoexpertos que dicen que el gasto en salud es inasumible y que más nos vale entregar cada mes parte de nuestro salario al banco si queremos una jubilación digna. Porque la hucha de las pensiones se acabará el año que viene, subrayan. ¿Y qué hacemos? Nada. Patada a seguir.

“La sanidad no es económicamente rentable”, repiten. Y es verdad, un buen sistema sanitario o de pensiones público no da dinero, pero hay servicios cuya importancia para la cohesión social de un país no puede medirse en función del beneficio económico. Puestos a aplicar ese rasero tampoco es rentable tener a la Guardia Civil, sin embargo es incuestionable el beneficio de poder pasear por las calles de todos los pueblos o ir de noche a sacar dinero de un cajero sin que a uno lo maten. Garantizar la salud, seguridad, educación y una vejez digna son obligaciones irrenunciables para cualquier Estado respetable, que debe anteponer a las expectativas de negocio de unos pocos.

Como decía, la culpa de que lo sustancial esté en cuestión no la tienen sólo la derecha, la banca y oscuros lobbys de empresas que quieren ganar dinero con lo que es de todos. La izquierda también tiene mucha responsabilidad en el declive del inacabado Estado de bienestar por décadas de despiste ideológico, por acomodarse a un mundo que funciona con las reglas de la derecha en vez de desarrollar un sistema propio de pensamiento que ponga en valor su modelo, por su complicidad con los recortes y su renuncia a mejorar la protección social. Y, sobre todo, por su empeño en dividirse y desangrarse en guerras intestinas por cuestiones menores en vez de cumplir la misión histórica para la que nació.

César Calvar

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