viernes, diciembre 2, 2022

Aplicar la ley

La bochornosa imagen del presidente de la Generalitat de Cataluña llegando en helicóptero a la sede del Parlamento autonómico porque los «indignados» tenían tomados los accesos a la Cámara Legislativa; la de un diputado ciego al que los manifestantes le zarandean e incluso intentan quitarle al perro-guía que le acompaña; la de otros diputados autonómicos dentro de un furgón policial -más popularmente conocidas como «las lecheras»- o la de un miembro de la Cámara gritando desaforadamente «auxili», son algunos de los momentos más «indignantes» que se vivieron el pasado miércoles en Barcelona. Imágenes que, por otro lado, a través de Internet, han dado la vuelta al mundo y, como es obvio, perjudican gravemente tanto a España como específicamente a Cataluña.

En el fondo de lo que ha sucedido en Barcelona, pero antes en otros puntos de España: habrá que recordar que los «indignados» han acampado a sus anchas -literalmente hablando- durante cerca de un mes en la Puerta del Sol de Madrid; o montaron sus numeritos delante de varios Ayuntamiento el día de su constitución tras las elecciones del 22-M; o asaltaron la televisión pública de Murcia y un supermercado en esta ciudad; ocuparon la sede de la patronal CEOE en Madrid, lo que late es un clima de impunidad total derivado de la falta de voluntad para aplicar la ley a quien le corresponde hacerlo. Y cuando eso sucede, puede pasar cualquier cosa.

Resulta que en la víspera de comenzar la pasada campaña electoral, la Junta Electoral Central determinó que la acampada de la Puerta del Sol era ilegal y que no se podía permitir. Esta resolución de la Junta Electoral fue confirmada por el Tribunal Supremo y por el Tribunal Constitucional, pero a la autoridad que le correspondía aplicarla, que no era otra que al ministro del Interior, no lo hizo. El pasado miércoles, el presidente de la Generalitat, Artur Mas, para justificar su llegada en helicóptero no tuvo otra ocurrencia que decir que lo había hecho debido a su «obsesión» por demostrar normalidad. Ya son ganas de retorcer las cosas. El señor Más debería saber que la normalidad de la que habla hubiese sido que las fuerzas de seguridad que dependen de su Gobierno -los Mossos de Esquadra- hubiesen despejado, mediante el empleo legítimo de la fuerza si hubiese sido necesario los accesos del Parlamento para que tanto él como los diputados autonómicos hubieran entrado por la puerta principal y no en helicóptero o en furgones policiales.

Todo lo que está sucediendo en las últimas semanas a raíz de las protestas del movimiento 15M pone en evidencia el estado de descomposición y la pérdida de referentes de lo que debe de ser un Estado de Derecho. La ley está para cumplirla y esto obliga a todos los ciudadanos, estén más o menos «indignados». Porque de no ser así, lo que vimos en Barcelona el pasado miércoles puede ser sólo un triste y lamentable aperitivo.

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Cayetano González

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