lunes, diciembre 5, 2022

¡Qué pena!

Sí, en nuestro país hay millones de personas indignadas, pero ahora quienes están indignados, quienes estamos indignados, somos la inmensa mayoría de ciudadanos con la deriva que esta tomando el movimiento del 15M.

Y yo no sé si es que el PSOE está cada día más decidido a perder las elecciones, pero lo cierto es que su pasividad ante las acciones violentas y antidemocráticas de grupos vinculados al movimiento 15M, van a terminar provocando que los ciudadanos miren a la derecha deseando que alguien pongan orden. Lo que para el vicepresidente Rubalcaba es «prudencia» para el resto de los ciudadanos es dejación de responsabilidad, porque lo que no es admisible en una democracia es que un grupo de gente violenta secuestre el Parlamento de Cataluña y agreda a los representantes legítimos de los ciudadanos. Y, por si fuera poco, los manifestantes «indignados» cometieron un acto de una vileza extraordinaria como fue zarandear a un parlamentario invidente, Josep María Llop, e intentar arrebatarle su perro-guia. Hay que ser realmente miserable para hacer algo así.

Confieso que me encandilé con el Movimiento del 15M, y que en la semana previa a las elecciones del 22 de mayo acudía por las tardes a la Puerta del Sol de Madrid a compartir la protesta. Allí estábamos todo tipo de personas, profesionales liberales, jubilados, comerciantes, estudiantes, amas de casa, desempleados, etc. Y aunque eran distintas las motivaciones de cada uno de los que acudían a la Puerta del Sol, o a cualquiera de las otras plazas de otras ciudades, parecíamos compartir un mismo sentir: el deseo de decir que las cosas tienen que cambiar. Pero cambiar dentro del marco democrático, sin perder de vista la Constitución.

Pero lo que pasó aquella semana en Madrid, o en Barcelona, Valencia, etc, ahora me parece que fue un sueño. En las plazas ya no están todos aquellos ciudadanos de a pie que acudían a manifestar su deseo de cambio, sino que del Movimiento del 15M lo que queda, o por lo menos lo que se ve, son gente que milita en el antisistema. Lo vemos en sus actitudes, y en esa manera violenta con la que empiezan a actuar.

No es admisible que los «indignados» hayan secuestrado al Parlamento catalán y que el presidente de la Generalitat tuviera que llegar en helicóptero.

Los indignados dicen que a ellos no les representan. Sin embargo, olvidan que en una democracia los parlamentarios son nuestros legítimos representantes, lo mismo que los alcaldes y concejales a los que millones de personas hemos ido a votar. De manera que sí que nos representan, podremos exigirles que lo hagan mejor, que nos representen mejor, pero desde luego que nos representan.

No es el primer artículo que escribo lamentando la deriva que ha tomado el movimiento del 15M, del que cada día que pasa, sólo quedan rescoldos. Y creo que ha llegado el momento en que las plazas donde los indignados han establecido sus cuarteles generales sean devueltas a los ciudadanos. Una acampada de unos días está bien, una acampada permanente no conduce a ninguna parte y lo único que provoca es malestar a quienes la sufren directamente que son los vecinos y comerciantes de la zona.

Me parece a mí que ha llegado la hora de que el Gobierno, pero también las comunidades autónomas y los ayuntamientos dejen de pasarse la pelota los unos a los otros y tomen decisiones, porque su inacción empieza a ser lisa y llanamente irresponsabilidad.

Y a los «indignados» hay que decirles alto y claro que España es un país democrático en el que hay cauces para expresar lo que uno quiera, que está bien la llamada de atención de antes del 22 de mayo, pero que tenemos unos representantes legítimos que son los que elegimos en las urnas. Eso no quita para que en algún otro momento, si es necesario, se vuelva a convocar a la gente para que salga a la calle, pero pacíficamente.

Me temo que a los impulsores del 15M el movimiento se les ha ido de las manos y está adquiriendo un cariz que ya provoca el rechazo de muchos de quienes en su día acudieron, acudimos, junto a ellos. Hoy, buena parte de quienes les apoyaron están indignados con los indignados.

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Julia Navarro

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