miércoles, noviembre 30, 2022

El juego del poder

Ni Rajoy, que acertó en el diagnóstico del “pacto de supervivencia”  entre el  Gobierno  de Zapatero con PNV y CC, ni Salgado, que empleó su zurda con tino en ocasiones, aportaron novedades en un debate presupuestario que pareció más un pretexto para saldar otras cuentas. Ambos contendientes siguieron sin reconocerse: Ni el Gobierno al PP lo certero de algunas de sus predicciones,  ni la oposición la rectificación de Zapatero en los últimos meses, en una plúmbea entente hasta el final de la legislatura.  Lo de menos eran las cifras en el debate presupuestario, por mucho que se empeñara Durán. Ni se reconocieron las enmiendas del PP,  ni el recorte presupuestario movió un ápice a Rajoy  de su valoración de “antisociales, perniciosas y lamentables”  las cuentas que mantienen la legislatura.

Hubo una consecuencia: El apoyo del socio del PP en Canarias a Zapatero hacía saltar por los aires el Gobierno autonómico, en la recta final de la legislatura.  La diputada de CC, Ana Oramas,  fue convincente en su explicación.  “Hemos conseguido reivindicaciones de hace 30 años (…) por escrito”, dijo, porque ya “no se fían”.  Pero arriesgó el apoyo del PP.

Otra dimensión distinta alcanza el pacto con el PNV,  cuyo paquete de transferencias a Euskadi –prácticamente la totalidad de las pendientes- no es previsible que pueda negociarse  en lo que quede de legislatura. Eso argumentan algunos diputados socialistas vascos, donde anida una sensación agridulce por la andanada contra el Gobierno de Patxi López: ni una simple  fotografía en Moncloa entre ambos presidentes, en medio del “proceso” negociador.  El PNV aprovechó bien la ocasión, pero la gestión del pacto por parte del PSOE no puede sustraerse a la del mero mercadeo.

Y es que, fuera de Euskadi,  hay algo que une al Gobierno de Zapatero con el PNV –no así con Coalición Canaria- y es su interés común por evitar, a toda costa, la llegada del PP a la Moncloa. Pero no hay garantías: La exitosa gestión del PNV podría no serlo tanto ante un ZP perdedor. Y Patxi López tendría aún mucho que decir.

Rajoy no desaprovechó la ocasión para incidir en que el lehendakari se siente más arropado por el PP “que por los suyos”.  Dicho queda, aunque sea delicado estirar el argumento.  Cercado por los acontecimientos, el Gobierno de cambio se asemeja a un juego de espejos, que podría quebrarse si se presiona en exceso. Su idea fuerza la normalidad.   Lo otro, la cesión de un gobierno al PNV,  tampoco puede desplegarse.  Lo hizo Aznar, con un pacto de legislatura que dio sus frutos, y lo ha hecho un ZP en apuros.  Es el  juego del poder.

Chelo Aparicio

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