viernes, diciembre 2, 2022

Elecciones o…

Tras la votación en el Congreso del decreto de recorte del gasto todo ha sido hablar de la posibilidad de que haya elecciones anticipadas. Rajoy no las pide abiertamente y deja que sean otros -en su partido o fuera de él- los que las reclamen. Parece que le basta con subrayar la incapacidad del presidente Rodríguez Zapatero. En el PSOE ya surgen voces desesperadas y muchos líderes regionales preferirían que el presidente se examinase en las urnas antes que ellos mismos en las autonómicas y locales para no ser previamente arrasados. Pero Rodríguez Zapatero y su núcleo más próximo se resisten y creen que pueden recomponer una mayoría distinta de la de la semana pasada, que fue por la mínima y gracias a unas abstenciones, las de los diputados de CiU, que parece que no se repetirán.

Esa hipotética mayoría es de corto alcance y está preñada de cortedad de miras porque el Gobierno no pretende conseguir un respaldo estable, bien estructurado y lo más amplio posible a un programa de sacrificios en el gasto y en las reformas para conseguir ingresos -que sólo se logra con el crecimiento económico-, sino de un mero acuerdo para aprobar los Presupuestos del 2011. Contendrán sacrificios, sin duda, pero las reformas estructurales de nuestro sistema económico y el planteamiento general del funcionamiento del Estado no pueden esperar a enero del próximo año. Se trata, perdido el apoyo de los nacionalistas catalanes, que se preparan para arrebatar a los socialistas el Gobierno de la Generalitat en otoño, de recuperar, junto a algunos de los abstencionistas minoritarios, el voto favorable de los nacionalistas vascos a los Presupuestos, como hicieron el año pasado.

Conviene señalar que aquella votación no fue precedida ni por una negociación de la política económica ni por un ejercicio de convencer al PNV de las bondades de la del Gobierno. Los dirigentes nacionalistas criticaron abiertamente a Zapatero en esta materia pero intercambiaron el apoyo parlamentario por convertirse en llave para los traspasos de las políticas activas de empleo a la comunidad autónoma vasca presidida, vaya paradoja, por el socialista Patxi López. Así que el presidente consiguió los votos en una maquinación de deslealtades de consideración. ¿Qué se podría intercambiar ahora?, se preguntan los que piensan que no hay ya nada en la caja para un trueque serio. Sin embargo, se va extendiendo la idea de que el presidente, a cambio de unos votos para los Presupuestos, podría exigir a los suyos en el País Vasco que apoyaran al PNV en las diputaciones forales que ahora controla y que, allí, tienen una importancia política y económica clave.

Si, aunque no terminen haciéndolo, al presidente o a alguno de sus asesores se les ha pasado por la cabeza una opción similar o sólo ven en ella la salvación, lo mejor, por dignidad (por la suya y por la de los ciudadanos) es que proceda a la convocatoria de elecciones de inmediato.

Germán Yanke

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