jueves, diciembre 8, 2022

¿CiU? + ¿Pacto?

Aunque se haya presentado como una novedad de las últimas horas, la verdad es que los portavoces y dirigentes de CiU han venido insistiendo desde hace mucho en la necesidad de un Pacto de Estado para afrontar la crisis económica. En ruedas de prensa, en debates parlamentarios y en entrevistas particulares, CiU se ha venido presentando, además de muy crítica con el Gobierno, como la opción política que hace propuestas concretas y que reclama el acuerdo.

No sólo CiU. El Gobierno y el Partido Popular han hecho en varias ocasiones ese ofrecimiento, aunque parece que la pomposidad de la propuesta se corresponde con el deseo de que no haya pacto, ya que así se puede insistir en que si no hay un rumbo acordado es por culpa del otro, que se aferra a sus planteamientos catastrofistas o se encadena en la improvisación y la incoherencia satisfecha. Pero CiU, después de su última oferta, aclara que lo que desea no es pactar con el Gobierno sino llamar a éste y al PP a un acuerdo global con la coalición nacionalista. Para añadir inmediatamente que no ve a ninguno de los dos dispuestos a forjarlo.

Parece que al Gobierno no le interesa el pacto, como ha demostrado hasta la sociedad. Un acuerdo de esa naturaleza supondría, según algunos estrategas, dar una opción a la oposición, reconocer que el rumbo ha cambiado, demostrar que necesita ayuda. Prefiere mantener la dualidad y obtener apoyos puntuales, como los ha conseguido, en algunas medidas de rescate o protección social. Si mejoran las cosas, como esperan, el éxito será sólo suyo. Y parece que el PP tampoco está muy dispuesto a ello, ya sea porque entiende que las cesiones que tendría que hacer de sus actuales planteamientos desvirtuarían lo que considera se debe hacer o porque, como insisten otros estrategas, le resulta más conveniente que el Gobierno, inasequible a dar cuerpo a un plan global, se vaya desangrando como lo ha hecho hasta ahora. Si empeoran las cosas, como temen, la responsabilidad no será suya.

Y CiU, al no querer mediar entre los dos contendientes y al no querer avanzar sobre el contenido del hipotético pacto con ninguno de ellos, tampoco da la impresión de desearlo. Su oferta formal le sirve en Cataluña para deteriorar al tripartito, pero un acuerdo, si es hábilmente negociado por la otra parte, podría acentuar el papel y la centralidad del Gobierno de Montilla. Con el PP puede llegar a acuerdos puntuales menores, como la última votación en el Congreso sobre la reducción de altos cargos, pero, desde sus perspectivas electorales, no conviene que se les vea -públicamente- demasiado juntos. Bajo cuerda, puede ser. De cara a lo que ocurra al día siguiente de las elecciones autonómicas, seguramente. Pero no antes, con el Estatuto de por medio y la inquina que el PP produce en algunos sectores de sus votantes.

Así que, seamos claros: nadie quiere de verdad el pacto. Y, como se ve, no por su contenido o por su necesidad, sino por cuestiones partidistas. Pero estas cuestiones no resuelven la crisis, ni el empleo, ni la viabilidad de las empresas, ni eso tan mentado ahora de la imagen internacional de España.

Germán Yanke

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