martes, febrero 7, 2023

Tiempo para la concertación

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Es cierto que, con Rodríguez Zapatero en la Moncloa, el Gobierno de España ha caído a mínimos históricos, dentro de la etapa democrática, de prestigio, credibilidad y eficacia. Pero todo esto, con ser muy grave, no es lo más importante y ni siquiera lo que define la crítica situación actual de nuestro país, políticamente roto, socialmente fracturado y económicamente al borde mismo de la bancarrota. Si aquel famoso «¡Váyase usted, señor González!» que lanzó José María Aznar en el hemiciclo del Congreso contra el entonces presidente del Gobierno fue quizá un exceso verbal, aunque de incuestionable eficacia política, alguien lo pronunciase ahora contra el actual titular del Ejecutivo, quedaría muy corta respecto a un clamor social que, en las calles y en los lugares de trabajo que van quedando, cruza ya ideologías, filias y fobias. No es una cuestión de derechas o izquierdas, ni siquiera de populares o socialistas. Es el convencimiento generalizado de que el actual Gobierno, no por socialista ni mucho menos, que al fin y al cabo es un planteamiento ideológico tan legítimo como cualquiera otro, sino por quien lo encabeza, necesitaría como cronista a un genio del tan español género de la picaresca.

Si la crónica de la transición y de la democracia española desde la muerte del dictador hasta el 2004 es un admirable ejemplo de reconciliación nacional y eficacia de gestión, como las crónicas de ese tiempo han dejado para la historia, en cambio, desde ese fatídico 2004 hasta el presente es la crónica de un enorme fracaso económico y un penoso retorno a la ruptura social y la desvertebración nacional. ¡Vaya si tuvo éxito la célula radical islámica que perpetró la matanza de Atocha, aunque fuera con la impagable ayuda de la incapacidad de reacción y respuesta del Gobierno de aquel momento!

Pero la reflexión sobre los orígenes de la situación que actualmente padece España es uno de esos esfuerzos inútiles que sólo conducen a la melancolía. El caso es que, en un injustificable retorno a la desvertebración, España, en apenas seis años, ha dejado de ser el país cuya limpia transición democrática asombró al mundo, para volver a aquella fatal condición de país invertebrado que tan genialmente describió y explicó el genio de Ortega, nada menos que allá por 1921, en su obra magistral, inolvidable y extrañamente tan actual.

El problema más hondo de la hora actual de España no es, con ser importante y grave para la vida diaria de los ciudadanos, la ya constatada falta de capacidad del actual Gobierno para reconducir la crítica situación de la economía, sino que Rodríguez Zapatero, con sus extrañas actuaciones, divide al país y podría acabar por resucitar el terrible espectro, que desde 1977 parecía afortunadamente perdido en el tiempo y que nunca, nunca debe volver, de aquellas «dos Españas» ásperamente confrontadas, siendo así que España necesita en esta hora difícil de todos -políticamente, de liberales, conservadores, socialistas, nacionalistas, izquierdistas… y económicamente de grandes, medianos y pequeños empresarios, de profesionales y trabajadores- para hacer lo que hay que hacer, pactar modelos, definir estructuras y conseguir, entre todos, recuperar para la economía pulso, seguridad y eficiencia. Para decirlo con entera claridad, el problema no es el PSOE, que representa la voluntad y las convicciones de muchos millones de españoles de todos los estratos sociales y profesionales. El problema tiene nombre y apellidos y es Rodríguez Zapatero con su rara «corte de los milagros», que acabará siendo también, tiempo al tiempo, un problema para el PSOE.

Al final del final, en esta hora económicamente crítica, España necesita nuevamente del esfuerzo concertado de todos, izquierdas y derechas, empresarios y trabajadores. España necesita que, como en aquellos años de luces de la recuperación democrática, todos los partidos y todas las fuerzas económicas y sociales se reúnan en la Moncloa, no parece hacer, en el estilo de Rodríguez Zapatero, de conejillos de indias o de falsos testigos, sino para hacer, todos juntos, lo que es necesario hacer y lo que este antiguo y valioso país se merece y nos merecemos todos los ciudadanos.

Por eso es tan importante y urgente que, mejor mañana que un día después, esté en la Moncloa alguien con credibilidad y capacidad de convocatoria y concertación. Por eso es ya más que una exigencia política, una exigencia de salud pública, el que se concierten todas las fuerzas políticas necesarias para hacer posible lo que los españoles necesitan y merecen. La historia nos pasará factura a todos.

Carlos E. Rodríguez

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