martes, febrero 7, 2023

El temple de Zapatero

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Ni los chuzos de punta que cayeron durante la pasada semana negra -revuelo en las jubilaciones, caída en picado de las bolsas, y desconfianza de los electores-, ni el vapuleo del portavoz del PP en el Senado, Pío García Escudero, pudieron este martes con el temple de Zapatero en la primera sesión de control al Gobierno en la Cámara Alta del 2010. Acudió con el objetivo de proyectar otra imagen que la que impregna la desconfianza por la acumulación de los malos datos. Lo hizo por la mañana, donde se dio un baño de liderazgo con los diputados y senadores socialistas, y luego, en la misma sede, se topó con los pequeños de primaria. Ellos debieron de insuflarle nuevos bríos. «Es lo mejor que me podía pasar hoy», acertó a decir al verlos, antes de responderles sobre si le gustaba que le hicieran tantas fotos, y todos los días. «Unas veces más que otras», resumió sincero.

Cuando Zapatero acudía a la Cámara Alta para aguantar el chaparrón de preguntas y el azote del PP, había recibido ya un bálsamo en la multitudinaria reunión del grupo de parlamentarios, senadores y eurodiputados socialistas celebrada en el Senado. Llevaba bajo el brazo una medida con la que contrarrestar los malos augurios y aminorar el descontento de los más afectados por la crisis. La ampliación de la ayuda de los 426 euros a otros 200.000 parados que han perdido la prestación del desempleo, y que aprobará el viernes el Consejo de Ministros, hasta el mes de junio. En este clima, cuando se filtran disensiones en el partido y en el Gobierno, el veterano socialista Txiki Benegas salió al rescate del partido con la conveniencia de plegar velas ante los huracanes y apoyar al Gobierno en la crisis. Las disidencias, en casa, vino a decir. La semana aciaga había pasado ya. Así que el presidente declaró después a los periodistas: «Nunca un secretario general del PSOE ni un presidente se ha sentido tan arropado».

Zapatero se limitó a rebatir la dureza del discurso del portavoz del PP, sin entrar en la réplica de los datos. Le achacó «descaro» en la exposición de su análisis y le embistió contra su «falta de ideas», al valerse de las críticas de socialistas como Almunia y Leguina a la política económica del Gobierno. Pío García Escudero le reprochó su improvisación, le mostró como «un pollo sin cabeza» que ha desoído las advertencias del PP, del Banco de España, el FMI, y de todos los organismos nacionales e internacionales, sobre la necesidad de hacer reformas.

Impertérrito, Zapatero aportó otros datos, al margen de los negros pronósticos, y volvió a reafirmar la proyección española en esta «grave crisis». Ofreció una receta simple: «Tenacidad, trabajo y temple», más tenue que la de Churchill. Con ella se mostró convencido de alcanzar la reducción del déficit al 3% en el 2013 y controlar el gasto mediante un plan de austeridad con las comunidades autónomas y otras medidas fiscales. Aún más: sobre las pensiones y la Seguridad Social aseguró que «nunca han tenido tanta solidez».

Fuera de los focos, algunos veteranos populares expresaban su desconcierto ante el convencimiento de Zapatero. «Con Felipe yo estaba enfadado, pero con éste estoy preocupado», decía uno de ellos. Y eso que la niña que oyó horas antes a Zapatero, cuando visitaba con su clase el Senado, gritó un «¡guau!», cuando éste les contó, didáctico, que se disponía a responder a las preguntas de sus señorías. Pero, menos emociones, hubo de todo.

Chelo Aparicio

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